MA.2 Eje 2: Movilidad, urbanismo de proximidad
La Unión Internacional de Transporte Público (UITP) señala que aproximadamente el 64% del transporte global se realiza en entornos urbanos y que, para el año 2050, los recorridos realizados en las ciudades se triplicarán. Hay que tener en cuenta que el aumento de la densidad de las ciudades y sobre todo, las ciudades turísticas, presenta un desafío para la movilidad ya que las aglomeraciones urbanas seguirán aumentando.
El modelo urbano elegido para ordenar el crecimiento de esas ciudades es determinante por la relación directa que tiene con favorecer la proximidad y un amovilidad sostenible.
Los modelos de crecimiento basados en ciudades dispersas y expansivas aumentan las distancias de viajes, lo que contribuye a incrementar y afianzar la predominancia del vehículo privado, produce un gran consumo de espacio y energía y un aumento en las emisiones de GEI. En este contexto, plantear el desafío de la movilidad requiere un cambio de paradigma en la planificación y diseño de las ciudades (ver eje de integración Equilibrio, eficiencia y funcionalidad urbana) fomentando ciudades compactas, con usos mixtos del suelo abandonando dichos modelos de crecimiento disperso y desconectado.
Bajo la premisa de pensar en diseñar las ciudades de esta manera, también encaja el buscar modelos territoriales y urbanos de proximidad, donde la proximidad a las actividades, los servicios, las dotaciones los lugares de trabajo y ocio, permiten gestionar de una manera más eficiente la movilidad y los servicios de transporte urbano y con ellos, aumentar la calidad y el confort ambiental.
Buscar este modelo territorial, que desde la óptima más urbana se caracteriza por los adjetivos nombrados anteriormente, es un objetivo prioritario que, además tiene objetivos transversales múltiples en el resto de áreas temáticas. (Ver (MOT) Morfología y Modelo de Ocupación del Territorio)
Líneas
MA.2.1 Línea 1: Recorridos eficientes y eficaces del transporte público urbano.
Es en las ciudades donde la movilidad de personas y bienes ha pasado a ser un factor que afecta directamente a la calidad de vida, a la competitividad y al respeto al medio ambiente. Así, la capacidad de una ciudad a la hora de organizar ese flujo de desplazamientos repercute directamente en sus propias posibilidades de progreso. De ahí la necesidad de evolucionar hacia una nueva cultura de la movilidad urbana como vía para procurar ciudades más eficaces, más limpias y saludables, más integradoras y más cohesionadas.
Es por eso que la creación de proximidad o cercanía es un objetivo primordial en cualquier política relacionada con el transporte orientado hacia la sostenibilidad, ya que se reduce la movilidad y por lo tanto, la presión del transporte sobre el medio ambiente a la par que se mejora la accesibilidad. Por este motivo, hay que lograr que la ciudadanía priorice en la utilización del transporte público antes que el coche.
MA.2.2 Línea 2: Ciudad de los 15 min. Apropiación del espacio público por parte de la circulación peatonal y ciclista.
La ciudad de los 15 min trata sobre las transformaciones necesarias en los entornos urbanos, tomando como enfoque la relación entre el espacio y el tiempo útil. El futuro de las ciudades es el sistema urbano autosuficiente que no obliga a coger el vehículo para ir al trabajo o para ir a hacer la compra en el supermercado, es decir, el futuro son las ciudades compuestas por barrios donde todos los servicios esenciales se encuentren a un tiempo de desplazamiento realizado en bicicleta o caminando de máximo 15 minutos.
Para ello, se requiere romper con el círculo vicioso de planificación de las grandes ciudades en las que las personas se ven obligadas a coger el coche para realizar cualquier desplazamiento. Por lo tanto, es fundamental la descentralización.
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MA.1 EJE 1. Transporte: Sostenible, público y eficiente
La Comisión Europea, en el Libro Blanco del Transporte publicado en 2011, «Hacia un Sistema de Transportes competitivo y eficiente en el consumo de recursos», constata que el transporte todavía no es sostenible debido a su alta dependencia del petróleo, a los altos índices de congestión y a los altos impactos medioambientales y económicos que conlleva. Tampoco lo es desde el punto de vista social debido a los enormes costes derivados de la accidentalidad y los problemas de accesibilidad. Conseguir una movilidad eficiente y sostenible, es uno de los desafíos de los territorios y ciudades del presente y del futuro.
El transporte y la movilidad terrestre presentan una profunda interacción con los criterios de ordenación del territorio, sobre todo, por el consumo y artificialización del suelo.
DATO INFORMATIVO: “[…] la capital grancanaria ocupa el puesto 313 con un nivel de congestión
del 18%, es decir, que usted emplea un 18% más de tiempo en desplazarse al punto de destino de lo
que lo haría en condiciones normales.
Esto significa que en un desplazamiento medio -media hora entre ida y vuelta- en la capital
grancanaria, cada conductor va a perder unos 8,5 minutos al día. Quizás no le parezca mucho, pero
al cabo de un año, le habrán quitado dos días enteros, es decir, que habrá estado 48 horas de más
metido en el coche.”
(Informe de congestión de tráfico. TomTom, 2019)
Tal y como se definió en el Informe sobre Estado del Arte de Medidas de Lucha contra el Cambio Climático de la Consejería de Medio ambiente y Ordenación del Territorio, en el año 2007, afrontar un desarrollo sostenible desde el transporte y la movilidad supone realizar un conjunto de actuaciones y medidas reglamentarias tecnológicas, fiscales e incluso educativas, que deben funcionar de forma integrada y transversal desde todas las disciplinas de la planificación urbanística del territorio y del sistema urbano.
Si ya la insularidad del territorio supone la división natural de la región, las características del proceso de urbanización refuerzan el aumento de necesidad de utilización del vehículo y trae consigo el incremento de las infraestructuras viarias que generan el denominado “efecto barrera” debido a la transformación de un territorio unificado a un territorio fragmentado. Esta cuestión determina enormemente las necesidades y los patrones de movilidad de la población lo que conlleva un aumento de las emisiones de GEI.
En el documento “Transporte y cambio climático: hacia un desarrollo sostenible y de bajo carbono” se plantea un nuevo enfoque de transformación del sector denominado: “Evitar-Cambiar-Mejorar” (ASI por sus siglas en inglés) el cual establece unos principios rectores para lograr de manera eficaz el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en proyecciones futuras a partir de sistemas de bajo costo y accesibles para su implementación.

Figura 4 Esquema de Evitar-Cambiar-Mejorar. Fuente: Elaboración propia.
Este enfoque permite la ver el gran potencial de posibles acciones de promoción y transformación del sistema de transporte y movilidad para que se convierta en un sistema bajo en carbono. Además, sí es posible luchar contra la generación de contaminación y demás problemas ocasionados mediante la transversalidad y la coordinación entre las actuaciones urbanísticas y las actuaciones referentes de la movilidad. No se puede tomar la ordenación urbanística y la gestión de la movilidad como dos entes separados. Asimismo, el cambio hacia un desarrollo 0 carbono en el transporte requiere de una sólida voluntad por parte de la ciudadanía y de las administraciones competentes de cambio y adopción de nuevos enfoques para el análisis y diseño de políticas.
Líneas
MA.1.1 Línea 1: Transporte, conectividad y trasvase modal.
La movilidad sostenible es aquella capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos naturales existentes en el futuro. Por tanto, implica un conjunto de estrategias y medidas destinadas a recuperar la calidad del espacio, favoreciendo los modelos de transporte que menos recursos naturales consumen y menos costes ambientales provocan. Esto significa mitigar los distintos tipos de contaminación causados por el transporte terrestre (emisiones de GEI, contaminación acústica, estrés…). También exige la conservación de los recursos, la reducción del consumo energético, el alivio de la congestión y la resolución de problemas de equidad.
En ese contexto, es primordial el cambio hacia formas de movilidad más sostenibles y derive en la promoción de los modos de transporte más respetuosos, como los desplazamientos a pie y en bicicleta, así como el uso del transporte público o vehículos de contaminación directamente nula.
MA.1.2 Línea 2: Intermodalidad y oferta de aparcamiento.
La capacidad de las islas y de sus municipios para organizar el flujo eficiente y sostenible de los desplazamientos repercute directamente en sus propias posibilidades de progreso. De ahí la necesidad de evolucionar hacia una nueva cultura de la movilidad donde exista la intermodalidad entre los distintos medios de transporte y donde se le de mayor valor a los menos contaminantes.
Por ello, es necesaria una gestión de la demanda de movilidad privada que requiera de una alta concienciación y participación ciudadana, sin olvidarse de una eficiente oferta de medios de transporte público e itinerarios atractivos para modos no motorizados. Para esto, es necesario aplicar medidas de contención o restricción del uso del automóvil privado, que pueden incluir la regulación del aparcamiento, la creación de una buena oferta de aparcamientos, y asean aparcamientos disuasorios y/o estaciones intermodales, la peatonalización de ciertos ámbitos, la creación de una red continua y segura para los modos no motorizados.
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MTU.4 EJE 4. Resiliencia y adaptación de las infraestructuras de servicios esenciales
Dado que “la adaptación es específica del lugar y el contexto, y no existe ningún método único para reducir los riesgos que resulte adecuado para todas las situaciones”, lograr un conocimiento científico preciso de las condiciones climáticas actuales y de las proyecciones climáticas en Canarias, es indispensable para poder abordar las evaluaciones de vulnerabilidades, riesgos e impactos en sistemas e infraestructuras del metabolismo territorial y urbano afectados por el cambio climático.
A su vez, estos conocimientos son básicos para poder llevar a cabo una adaptación eficaz y la creación de resiliencia. La cual es una característica que constituye parte de la sostenibilidad y es un término que la incrementa, ya que hace posible que las infraestructuras existentes y las previstas puedan utilizarse y funcionen de una manera correcta en aquellos momentos más críticos.

Figura 27 Guías de adaptación Gobierno de España. Fuente: AdapteCCA
Líneas
MTU.4.1 Línea 1: Sistemas de infraestructuras sustentables y resilientes.
Un mejor conocimiento de los riesgos, vulnerabilidades e impactos es fundamental para priorizar y orientar adecuadamente las actuaciones para dirigirlas a prevenir los impactos y facilitar la recuperación tras los daños con la mayor rapidez posible. Para ello, es preciso descartar los enfoques sectoriales y considerar al territorio como una red de sistemas interdependientes en los que se establece que los servicios urbanos se encuentran interconectados entre sí.
Las infraestructuras y elementos que componen el sistema energético puede decirse que no forman parte de los procesos de adaptación, ya que están más relacionados con el consumo de recursos y es el principal emisor de GEI, por lo que se pueden hacer muchas actuaciones de mitigación de esos gases contaminantes más que de adaptación.
Sin embargo, existen una serie de riesgos derivados del cambio climático para el sistema energético en relación al suministro de energía primaria, generación de electricidad, transporte, almacenamiento, distribución y la demanda de energía. Por tanto, es preciso considerar las posibles afecciones del cambio climático a lo largo del proceso de transición hacia un sistema energético sostenible y eficiente para hacer que esté compuesto de infraestructuras más resilientes y ubicadas en el lugar idóneo para que, en el caso de ocurrencia de eventos extremos, sufran el menor daño posible y no se desabastezca a la población durante un período largo de tiempo.
De igual modo, el cambio climático está afectando de forma creciente a la distribución temporal y espacial de los recursos hídricos y a la frecuencia e intensidad de los desastres naturales relacionados con el agua, aumentando el estrés hídrico reflejado y la disponibilidad del agua, incrementando el riesgo de sequías, las cuales serán más repetidas, largas e intensas, y de inundaciones, con crecidas más frecuentes y caudales punta más elevados.
Un punto clave es la mejora de la resiliencia y la disminución de la vulnerabilidad de los elementos ubicados en las zonas inundables, la recuperación de las llanuras aluviales, la optimización de los sistemas de defensa son uno de los puntos importantes de actuación para mejorar esos dos conceptos. Asimismo, el fomento de las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) que promueven cobeneficios para otros objetivos como el estado de conservación del sistema natural y los ecosistemas que lo conforman, la protección de la calidad del agua, la recarga de acuíferos o la conectividad ecológica. Siempre que sea posible, se utilizarán análisis coste-beneficio para la priorización de las medidas.
Al igual que sucede con las infraestructuras energéticas, las destinadas a la gestión de los residuos no forman parte de los procesos de adaptación al cambio climático, al estar más relacionadas con la descarbonización y la reducción de las emisiones de GEI derivadas de la degradación de la materia orgánica. Sin embargo, no están exentas de sufrir daños.
MTU.4.2 Línea 2: Resiliencia y adaptación del ciclo urbano del agua
Los núcleos urbanos llevan consigo ciertas actuaciones que afectan negativamente al medioambiente. El problema se encuentra en la combinación de la ocupación del suelo y la urbanización de entornos naturales, y por el otro, la cubrición de terrenos con capas impermeables de forma artificial (asfalto u hormigón) ya que se corta la comunicación entre el suelo y la atmósfera impidiendo la infiltración del agua en el terreno e imposibilitando la recarga de los acuíferos. Esto es lo que se define como “sellado del suelo”.
Siendo conscientes de lo anterior, y aplicando unas medidas específicas para cada una de las especificidades del ámbito de estudio y/o actuación de los planes urbanísticos, pueden llegar a mantenerse unos niveles de escorrentía asimilables a los naturales en donde pueda llegar a filtrarse el agua pluvial, se reutilice y se ayude al ciclo hidrológico a seguir su cauce.
Por todo esto, desde el planeamiento urbanístico hay que empezar a dar paso a un nuevo enfoque de planificación y urbanización que contribuya a crear zonas más sensibles a las aguas pluviales y a favorecer a la recarga de los acuíferos y no contaminación de las masas de agua subterráneas y superficiales. Esto incluiría la inserción de los denominados Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible y las soluciones basadas en la naturaleza (SbN).
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MTU.3 EJE 3. Infraestructuras de gestión de residuos
Uno de los factores limitantes de cualquier ecosistema es su capacidad de procesar los residuos generados en su funcionamiento, por lo que el presente eje de integración Infraestructuras de gestión de residuos, evidencia que el sector de los residuos no es una excepción en la lucha contra el cambio climático ya que se verá también afectado por esta realidad, tanto por la influencia que puedan tener sus actividades sobre el aumento de GEI, como por los efectos que él pueda tener sobre el sector.
Los residuos generados por los municipios a excepción de los evacuados en las redes de saneamiento, se denominan residuos sólidos urbanos (RSU), los cuales provienen, en su gran medida, de las actividades desarrolladas en los entornos urbanizados como el de los hogares, comercios, hostelería, servicio, etc. La mayor proporción es la que generan las actividades domésticas por lo que su reducción se encuentra directamente ligada con el área temática [Eco]sistema Urbano (EU), y la relación con la ciudadanía y su concienciación. De la misma manera que se puede fomentar la reducción del consumo energético o el agua, es importante transmitir y hacer todo lo posible para que la población sepa lo importante que es el control de la generación de esos RSU y que empieza por el cambio de hábitos de consumo hacia prácticas minimizadoras.
DATO INFORMATIVO: Canarias genera 1.57 kilogramos de residuos sólidos urbanos por persona y
día, y únicamente el 13.3 % de estos residuos son recogidos de forma separada.
(ISTAC 2018)
Los municipios Canarios tuvieron una alta tasa de generación de residuos sólidos urbanos per cápita
(580 Kg/hab.año) situándose por encima de la media de la UE, 489 Kg/hab.año, y del conjunto de
España, 475 Kg/hab.año.
Justificación:
– «[…] La actividad turística lleva aparejado una producción media por habitante equivalente
superior a la de los hogares.
– El hecho insular lleva aparejado un consumo diferente, la mayor parte de los productos
vienen de fuera, y por tanto con una mayor proporción de envases y embalajes, ya sean
domésticos o industriales. Unido al mayor consumo de la actividad turística.”
(PIRCAN 2018)
La gestión de los residuos es uno de los grandes retos existentes en la actualidad. Hasta la fecha, los esfuerzos recaen sobre la gestión de los RSU, pero siguen existiendo ciertas carencias para los residuos provenientes de la agricultura y la ganadería los cuales, a lo largo del tiempo, han ido generando cada vez más residuos.
El tratamiento y gestión de estos residuos no ha de quedar en el olvido ya que puede generar cierta problemática en cuanto a la generación de tensiones territoriales y sociales en la población y puede generar una situación que estrangule la actividad primaria, escasa a veces, de recursos y medios necesarios para gestionarlos. Se trata pues, de un inconveniente que tiene que ser resuelto a primera instancia a escala local y, sin embargo, como resultado del régimen competencial vigente, la intervención de las entidades locales en la gestión de estos residuos es un tema que parte de la sensibilidad, concienciación y voluntad de los trabajadores de este sector.
La planificación y gestión de los residuos cuenta con una amplia gama de instrumentos y normativas de aplicación. Esta legislación viene justificada por el problema que genera la fragmentación del territorio al obligar a multiplicar las instalaciones de gestión y tratamiento de residuos, hecho que ve agravado las emisiones de GEI del proceso y las emisiones derivadas del transporte de los materiales y residuos. Por ello, a través de la planificación sectorial y del planeamiento territorial y general, y las escalas más pequeñas de ordenación a las que hace referencia la presente Guía, se pretende propiciar la reducción de la producción de residuos y su adecuada gestión, así como la reutilización y revalorización.
A su vez, desarrollar un modelo de gestión y estructural, bajo la premisa del modelo territorial, que solucione la gran generación de residuos y las emisiones de GEI derivadas del tratamiento y gestión de los mismos, de acuerdo a los objetivos establecidos en las distintas normativas europea, nacional y autonómica de lucha contra el cambio climático, es un reto a plantear desde las diferentes escalas de planeamiento urbanístico.
De todas las normativas e instrumentos existentes, se destaca el Plan integral de residuos de canarias (PIRCAN 2018-2025). El PIRCAN es un documento de planificación que trata de prevenir la producción de residuos, y en su caso, resolver los problemas derivados de su gestión en la comunidad autónoma, de acuerdo con los preceptores legales tanto desde el ámbito europeo, como estatal y autonómico.
Para el desarrollo del presente eje de integración, se han tomado de base cuatro de los seis principios inspiradores establecidos en el Plan Integral de Residuos de Canarias (2018-2025):
- “Jerarquía. Prevención; Preparación para la reutilización; Reciclado; Otro tipo de valorización; y Eliminación. Y por este orden, con especial hincapié en las tres primeras de acuerdo con los objetivos adoptados por la UE, para los años 2020 y posteriores hasta 2035.
- Mejor opción ambiental. Cerrar el círculo. Como mejor opción en la lucha contra el cambio climático, para transformar residuos en recursos, y permitir reintroducirlos cuantas más veces mejor en la cadena productiva, utilizando la mejor tecnología disponible.
En este sentido, y por las especiales características de Canarias (condicionantes que más adelante se consideran), se debe promover al máximo la reutilización y el aprovechamiento interno de los residuos. Si bien, también es necesario exportar una gran cantidad de residuos recuperados y acondicionados para posibilitar su aprovechamiento, mediante el reciclaje y la valorización externa, con las máximas garantías.
- Autosuficiencia y proximidad. Al objeto de evitar sobrecostes de transporte innecesarios con el fin de alcanzar la máxima eficacia, se deberá fomentar que los residuos se gestionen próximos a la fuente de generación siempre que sea factible, desde los puntos de vista técnico, económico, ambiental, y de oportunidad, debiendo interpretarse y aplicarse, este principio, de acuerdo con la normativa comunitaria y estatal aplicable.
- Eficacia y solidaridad interinsular. Entre otros aspectos, todas las instalaciones públicas de tratamiento de residuos en el ámbito autonómico se conciben como una red integrada. No deben promoverse instalaciones cuando no sea posible alcanzar las necesarias economías de escala, y más si ello se posiciona en contra del principio de Jerarquía.”
A partir de estos principios, se deberá procurar, desde el planeamiento urbanístico, el cumplimiento de cada uno de ellos.
Líneas
MTU.3.1 Línea 1: Infraestructuras y eficiencia en la gestión de residuos.
La gestión sostenible y resiliente de los residuos implica, desde la escala estructural y, en mayor medida, desde la escala pormenorizada, la transformación del actual modelo lineal del Metabolismo Territorial y Urbano, por un modelo circular (Economía Circular) donde los ciclos de la materia se cierran, se reduce la generación de los residuos y se potencia su revalorización consumiendo el mínimo de energía y la que se consuma es captada a partir de fuentes de energía renovable. Es decir, surge la necesidad de imitar a la naturaleza, en donde todo tiene una segunda vida, es decir, todo se aprovecha y nada se desperdicia.
La transición hacia la economía circular, no cabe duda que presenta una enorme oportunidad para conseguir la transformación a modelos sostenibles de producción y consumo de materiales y residuos. Pero además, los municipios pueden tener la potencialidad de liderar el cambio transicional mediante la implantación de nuevos metabolismos de ciclo cerrado, en aras de conseguir una mayor sostenibilidad. Invertir la pirámide de la jerarquía de residuos, es garantizar el cumplimiento de la economía circular.
Sin perjuicio de la aplicación de la jerarquía de residuos, la cual tiene que prevalecer, hay que establecer una red integrada de infraestructuras para la gestión, tratamiento y valorización de los residuos, así como para su revalorización y la disposición del rechazo.
Según la Agencia de Residuos de Cataluña, tiene que apostarse, antes que la creación de nuevas y grandes infraestructuras de gestión de residuos a largas distancias de los núcleos urbanos, por la instalación de infraestructuras más pequeñas y ubicadas en el ámbito de estudio y actuación distribuidas de forma razonable para que los trayectos a realizar sean los menores posibles y así reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. De esto nace el principio de autosuficiencia y proximidad.
MTU.3.2 Línea 2: Economía Circular.
El tratamiento de los residuos generalmente ha tenido forma lineal, por ello, la economía circular, y todo lo que conlleva ese término, es una respuesta a la inminente necesidad de creación de ecosistemas territoriales y urbanos sostenibles y eficientes. Esto es posible partiendo del diálogo entre el sistema rural y el urbano, para transformar y reconducir esa sinergia hacia parámetros que no sigan expandiendo el camino hacia el punto de no retorno de la sostenibilidad de la Tierra y sus recursos.
En la correlación entre los dos sistemas, se presenta el principal problema causado por la expansión urbana y las migraciones demográficas y, consecuentemente, la fragmentación del territorio y de gestión de sus recursos. La capacidad de generar una relación transversal entre cada uno de esos vectores, es un factor clave a la hora de obtener un alto grado de sostenibilidad en la gestión de los residuos.
La gestión del territorio y las ciudades que lo componen, no pueden entenderse como un conjunto de funcionalidades o temáticas independientes, sino como un todo que tiende a ser más que la suma de las partes. Por ende, cuando se habla del término economía circular, se entiende que va intrínseco al concepto de urbanismo circular, desde donde los términos, retroalimentación y autoconsumo comienzan a formalizarse.
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MTU.2 EJE 2. Infraestructuras y recursos hídricos
El agua se encuentra en el epicentro del desarrollo sostenible y es fundamental para el desarrollo socio-económico, para mantener unos ecosistemas saludables y para aumentar la supervivencia humana. Es un bien natural vital para reducir la carga mundial de enfermedades, mejorar la salud, el bienestar y la productividad de la ciudadanía así como para la producción y la preservación de ciertos beneficios y servicios de los que goza la población mundial. De la misma forma, el agua se ubica en el corazón de los procesos de adaptación al cambio climático convirtiéndose en el nexo crucial entre el sistema climático, la sociedad y el medio ambiente.
Este recurso es limitado e insustituible y puede suponer un gran desafío para el desarrollo sostenible pero, gestionado de manera eficiente y equitativa, puede jugar un papel importante para aumentar el fortalecimiento de la resiliencia de las islas de Canarias.
«Teniendo en cuenta los altamente probables cambios climáticos, los gobiernos deberían volver a evaluar a todos los niveles los procedimientos legales, técnicos y económicos para la gestión de los recursos hidrológicos»
(Informe elaborado por el Panel de Agua y Clima, EEUU, 1990)
El 71% de la superficie del planeta es agua siendo indispensable para la vida, humana animal o natural es por eso que se acordaron en el año 2000 los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en donde se encuentra el ODS 6, “Agua Limpia y Saneamiento”.
Líneas
MTU.2.1 Línea 1: Infraestructuras Hidráulicas del Modelo Territorial.
El agua es un recurso que cumple distintas funciones tanto sociales como ecosistémicas que deben ser gestionadas desde un enfoque de desarrollo sostenible. Esta gestión dependerá de las tecnologías, instituciones y conocimientos disponibles en cada uno de los sistemas. Por ejemplo, en el sistema natural el agua es un bien vital para la flora y la fauna, en el sistema rural, su importancia viene determinada por la actividad agrícola y ganadera y en el sistema urbano para la salud y bienestar de la ciudadanía y aumento del confort ambiental. De modo transversal es un elemento reductor de la temperatura.
En general, las estrategias de mitigación para el sector hídrico pueden tener dos clasificaciones. Las primeras, las basadas en la naturaleza, las cuales aportan unos cobeneficios para todos los aspectos del desarrollo sostenible empleando aspectos que imitan a los procesos naturales para aumentar la disponibilidad del agua (retención de la humedad del suelo y recarga de las masas de agua subterránea), mejorar su calidad (humedales naturales y artificiales), actúan como sumideros de carbono absorbiendo las emisiones de GEI, a la par que reducen los riesgos asociados al cambio climático y los desastres relacionados con el agua.
Por el contrario, las segundas estrategias las cuales corresponden con el impulso de las tecnologías, hacen referencia a medidas de mitigación que van más allá de la lucha contra el cambio climático, ya que el coste energético de los procesos industriales de producción o tratamiento de agua suele ser el principal inversión operativa y la sostenibilidad no sólo se debe enfocar desde el punto de vista medioambiental, sino también económica en la producción de agua, para garantizar la disponibilidad hídrica futura.
MTU.2.2 Línea 2: Eficiencia en el Ciclo Urbano del Agua y la Edificación.
El proceso de urbanización conlleva la reducción de la infiltración, la eliminación de la vegetación, la desaparición de irregularidades en el suelo donde se almacena el agua precipitada así como el aumento del consumo hídrico y demás recursos naturales. Lo que se traduce en la interrupción del equilibrio del ciclo natural del agua.
Las urbes no solo representan una parte importante de la demanda de agua para fines sociales y económicos, sino que constituyen una de las interfases más contaminantes en los usos del agua. La autosuficiencia de suministro urbano (urbanización y edificación) constituye un objetivo de alta prioridad en la gestión del ciclo hidrológico, tanto por la significación en el balance general del agua como por la aportación a la reducción de la contaminación ambiental.
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MTU.1 EJE 1. Sostenibilidad y recursos energéticos
El concepto de sostenibilidad, y más en concreto, el concepto de desarrollo sostenible, se ha convertido en un alusivo común relacionado con el medio ambiente, el ahorro energético y de los recursos naturales.
Los aspectos energéticos son fundamentales en cualquier actuación que pretenda la mitigación y adaptación al cambio climático y, para mejorar su eficiencia, resulta imprescindible el conocimiento previo del funcionamiento energético de cada uno de los sectores que configuran el territorio.
El eje de integración Sostenibilidad y recursos energéticos, que coincide con el objetivo 7, Energía Asequible y No Contaminante de la Agenda 2030, pretende garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todas las personas, para así reducir el consumo de combustibles fósiles mediante la generación de energía a partir de fuentes renovables y minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero.
Según la Agenda Urbana Española y Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la generación de energía es el factor que contribuye principalmente al cambio climático, y representa alrededor del 60% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
A lo largo de los años, la utilización de los combustibles fósiles como el petróleo o el gas han sido las principales fuentes de producción de electricidad, pero la quema de estos combustibles generan grandes cantidades de gases nocivos para el planeta y aumentan los efectos e impactos del cambio climático, ocasionando grandes problemas en la salud y el bienestar de la ciudadanía y el medio ambiente.
Por todo esto, el sector eléctrico está llamado a desempeñar un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático mediante la descarbonización. En primer lugar, por la penetración masiva de energía de origen renovable esperada, en segundo lugar, por el avance en la electrificación que se pretende de los distintos sectores económicos (transporte, edificación, comercio, etc.), como vía para lograr la descarbonización de los mismos (electrificación de la economía), y en tercer lugar, por la minimización de la demanda energética a partir de la potenciación de ciclos energéticos cerrados que viabilicen la autosuficiencia conectada.
Establecer un sistema energético eficiente tiene que estar apoyado desde muchos elementos diversos, como la localización y características de las infraestructuras, las comunicaciones, las tecnologías, etc. Por tanto, la viabilización de la transición energética, va de la mano de un modelo territorial y urbano adecuado para ello, que tendrá su reflejo en todas las escalas de planeamiento. Pues, es preciso caracterizar el comportamiento energético, identificando los usos y sectores menos eficaces en cada uno de los sistemas natural, rural y urbano.
La transición del metabolismo territorial y urbano desde el sector energético hacia el cumplimiento de la economía circular, conlleva una gestión holística y sistémica de los municipios y ciudades que los componen y sobre todo, de las personas dedicadas al urbanismo de todos los perfiles, de manera inteligente, con una visión hacia la resiliencia y la sostenibilidad energética.
El incluir la eficiencia energética dentro de las medidas de protección del medio ambiente, junto con otras consideraciones que conduzcan a una verdadera estructuración del sistema natural del territorio, condiciona todos los planes derivados y, por consiguiente, la ordenación del territorio.
Este eje de integración se desarrolla desde la escala más grande (Ordenación Estructural para la presente Guía metodológica), hasta la escala pormenorizada llegando a ser muy concretos a la escala más pequeña como la normativa de edificación, pasando por distintos niveles de precisión.
En función del tipo de suelo a ordenar y de las condiciones del planeamiento superior vigente, el objetivo energético y ambiental, y el correspondiente mecanismo de actuación, tendrá que reflejar en la figura adecuada en el momento de redacción del Plan.

Figura 5 Desarrollo del objetivo energético en la ordenación del territorio. Fuente: elaboración propia a partir del IDAE.
Por lo anterior, este eje de integración se encuentra directamente ligado con las áreas temáticas Morfología y Modelo de Ocupación del Territorio (MOT) y [Eco]sistema Urbano (EU), así como a las relacionadas con el transporte y la movilidad desde el área temática Movilidad y Accesibilidad (MA).
Al mismo tiempo, esta transición exige importantes cambios de comportamiento de la ciudadanía y las empresas para que sean capaces de asumir e interiorizar esos mismos conceptos para reducir la generación del consumo energético y aumentar la energía procedente de fuentes renovables por lo que también se ve relacionada con el área temática Gobernanza, Dimensión Humana y Económica (GDHE). Sin embargo, en ciertas ocasiones aparece el desafío de la pobreza energética el cual tiene repercusiones sociales.
Líneas
MTU.1.1 Línea 1: Metabolismo energético del Modelo Territorial.
La producción y consumo de energía generan efectos medioambientales que se manifiestan en forma de calentamiento global, contaminación atmosférica o vertidos de hidrocarburos. La integración de las renovables en el sistema energético disminuye los impactos ambientales puesto que para su funcionamiento no requieren ningún proceso de combustión.
Por tanto, es imprescindible la transformación de la producción actual de energía hacia un modelo, bajo fuentes de energía renovable sostenible, y distribuido en función del modelo territorial actual y previsto por la planificación urbanística. Por ello, se tendrán que orientar hacia el uso más eficiente del suelo, la implantación de una densidad, intensidad y complejidad de usos suficientes para plantear un modelo de ordenación orientado hacia la reducción de la demanda de recursos y la autosuficiencia conectada, minorando consecuentemente las emisiones de GEI.
MTU.1.2 Línea 2: Metabolismo energético del [Eco]sistema Urbano y edificación.
La sostenibilidad de las ciudades es un concepto que se encuentra definido por la actividad cotidiana de la ciudadanía. Asimismo, está claro que el concepto de sostenibilidad se encuentra directamente relacionado con el mantenimiento y mejora de la calidad de vida de la población, lo que requerirá definir y llevar a cabo una serie de cambios en el funcionamiento, desarrollo y planificación del sistema urbano hacia la eficiencia y la sostenibilidad energética.
Sin duda, la disponibilidad energética será una de las limitaciones más importantes en el futuro. Por tanto, como medida de adaptación y de mitigación, las actuaciones destinadas a reducir la dependencia externa como el fomento de energías renovables, o la limitación del consumo en sectores como el de la edificación, serán imprescindibles para el buen funcionamiento de los municipios.
En el caso de la planificación urbanística, como instrumento para la acción climática, conviene recordar que el consumo y la demanda energética dependen no solo de la gestión, sino de la configuración espacial de la ciudad y su integración con el entorno inmediato. Por ello, los municipios deben tener en cuenta esta variable para proponer actuaciones adecuadas y específicas de sus condiciones. En cuanto a los edificios, para obtener eficiencia energética, adquiere gran importancia la actuación sobre el parque construido ya que las obras de nueva construcción estarán muy condicionadas por el parque ya existente y las previsiones de crecimiento demográfico municipal.
Relación directa con otros ejes de integración
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MOT.2 EJE 2: Territorio neutro en emisiones
El modelo de ordenación de un municipio constituye la proyección espacial del estilo de desarrollo de la sociedad que lo habita, integrando las políticas social, cultural, ambiental y económica con la planificación física, para procurar una estructura espacial adecuada para su progreso. Por tanto, el modelo de ordenación no se puede concebir exclusivamente como un sector emisor de GEI, pero tiene un papel determinante en la reducción de éstas.
Actuar contra el cambio climático requiere apostar por una estructura equilibrada del territorio
Para reorientar el modelo territorial hacia la neutralidad climática, se propone empezar estudiando la organización espacial de los usos, las actividades generadoras de emisiones y las infraestructuras que los conectan. Estos elementos condicionan el sistema de movilidad y transporte, considerándose este una de las principales fuentes de emisión de GEI. También supone un condicionante, la integración del modelo territorial en el entorno, pues la distribución espacial de la ocupación del suelo puede marcar el grado de eficiencia de consumo de los recursos, como por ejemplo, la demanda energética que en Canarias depende principalmente de los combustibles fósiles (relación espacial entre la distancia y el aumento de las necesidades de recursos por parte de la población).
La emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera está directamente relacionada con la manera en que se ha ocupado un territorio y se han distribuido en él los diferentes usos, lo que hace de la ordenación urbanística una herramienta fundamental para la mitigación de los impactos del cambio climático. Por este motivo, se hace imprescindible que los instrumentos de ordenación urbanística, por su incidencia en el territorio, introduzcan la perspectiva climática en su proceso de redacción, tramitación y evaluación para que pueblos y ciudades canarios avancen en la senda de la descarbonización.

Figura 47. Retención en la TF-5 (Tenerife), situación recurrente en las grandes ciudades del Archipiélago debido a los grandes movimientos pendulares de la población en los territorios insulares. Fuente www.eldía.es
La dispersión de las ciudades, los pueblos y el diseño urbano desvinculado de su entorno, ha potenciado de manera indirecta, la disfuncionalidad y la ineficiencia. Por este motivo, las ciudades generan una enorme huella de carbono, resultado, en la mayoría de los casos, de una incorrecta planificación urbanística y falta de elementos naturales que proporcionen continuidad con el entono natural inmediato, limitando su capacidad de adaptación a los impactos del cambio climático.
Para hacer frente a la neutralización de emisiones, se deberá tender hacia una correcta distribución de los usos que determinará las necesidades de movilidad y el consumo energético y de otros recursos naturales, que devendrá en menores emisiones de GEI, contribuyendo a la reducción de la huella de carbono.
Como se ha expuesto a lo largo de la presente área temática, se observa que las pautas de ocupación que han imperado a partir de la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI, así como el desarrollo económico experimentado, ha ocasionado una importante problemática ambiental cuyas consecuencias principales han sido unas altas emisiones de gases de efecto invernadero, una antropización desmesurada del suelo y una destrucción de los ecosistemas terrestres junto con la pérdida de biodiversidad que ello representa. Estas causas son las que se identifican como las principales originadoras del cambio climático.
Es por ello que el modelo de ocupación del suelo que ha venido imperando hasta el momento se presenta totalmente inasumible, si se quieren frenar las secuelas cada vez más palpables derivadas de los efectos del cambio climático.

Figura 48. Evolución de Playa de Mogán (Gran Canaria), años 60 y actualidad. Fuente www.blogs.publico.es
Así pues, resulta clave que las pautas de ocupación del territorio que se implanten persigan entre sus objetivos primordiales reducir la huella de carbono que emiten. En este sentido cualquier, planeamiento urbanístico que vaya a realizarse debe conocer de antemano la huella de carbono del que parte, para saber una vez planteado el nuevo modelo de ocupación, cuánto ha sido capaz de reducirlo implementando las distintas medidas de mitigación y adaptación.

Figura 49. Estimación y propuesta de huella de carbono del 2º PMM de Playa de Mogán. Fuente: Gobierno de Canarias y GESPLAN.

Figura 50 Principios básicos a considerar en el modelo territorial neutro. Fuente: Agenda Urbana Ilustrada, ONU hábitat
Para ello la información urbanística, así como el diagnóstico, debería contener la estimación de las emisiones actuales y previsibles que posee el modelo actual de ordenación o alternativa 0. Para ello es necesario contar o poder calcular, al menos, los siguientes parámetros:
- Emisiones derivadas del transporte.
- Emisiones producidas por las distintas actividades económicas: industrial, agrícola, ganadera, etc.
- Emisiones procedentes del uso de los edificios: residencial, turístico alojativo, comercial, sanitario, educativo, etc. (debe disponerse de datos relativos al consumo energético de los edificios y, a ser posible, de la eficiencia energética).
- Emisiones correspondientes a la producción y transporte de los bienes materiales para la construcción y urbanización.
Por otro lado ha de analizarse la capacidad de los sumideros GEI con los que cuenta el territorio objeto de planeamiento:
- La cubierta vegetal de los suelos rústicos. En estos casos es necesario el acceso a datos relativos al potencial de absorción de los distintos tipos de cubierta vegetal, ya que no todos tienen la misma capacidad de absorción (capacidad de absorción forestal y de los distintos tipos de cultivos). En este sentido y en la actualidad no se cuenta con datos suficientes para determinar el volumen de absorción de las distintas coberturas vegetales del territorio canario, no obstante a medida que se vaya incrementando esta información la estimación de este dato será cada vez más fiable. De lo dicho emana la radical importancia que se asigna a sondear sobre la capacidad de absorción de la cobertura vegetal del territorio natural de Canarias (distintos tipos de árboles y ecosistemas) así como de los distintos tipos de cultivos que se practican.
- La capacidad de absorción de los distintos suelos calificados como espacios libres públicos, o incluso como espacios libres privados. Para ello es imprescindible que se calcule la superficie de suelo destinada a estos y la tipología de los árboles y vegetación con la que cuenta, para así poder estimar su capacidad real de absorción. Ciertamente es tarea difícil, dado que la información urbanística a obtener es compleja y detallada.
Una vez computados estos datos se podrá tener una aproximación de la huella de carbono de la que parte el modelo de ordenación de la alternativa 0. Posteriormente y tras el nuevo patrón de ordenación que se proponga teniendo en cuenta la forma de proceder descrita en las distintas áreas temáticas y adoptando las diversas medidas de adaptación y mitigación al cambio climático, el resultado de la huella de carbono debe dar como resultado un valor menor que el de partida. Así pues la totalidad de las alternativas de ordenación que se barajen, deberán tener como objetivo la reducción de la huella de carbono, cuestión que quedará significada a partir de la comparativa de las alternativas que se establezcan. Por último hay que destacar la importancia de considerar este aspecto como fundamental en la evaluación ambiental del plan.
Estos nuevos modelos deben basarse en:
- En un menor consumo de suelo virgen para el desarrollo urbano.
- El desarrollo de crecimiento urbano basado en la regeneración del tejido infrautilizado u obsoleto.
- Una disminución de los desplazamientos de vehículos motorizados y contaminantes.
- La optimización del espacio ocupado.
- El perfeccionamiento de una complejidad funcional adecuada.
- El respeto por el entorno en el que se inserta.
- La conservación del medio natural no ocupado.
- El mantenimiento de los sistemas agrarios productivos y configuradores del paisaje, de la conexión del medio antropizado y el medio natural por medio de las infraestructuras verdes y azules.
Una vez calculados estos datos se podría tener una aproximación de la huella de carbono de la que parte el modelo de ordenación de la situación actual. Posteriormente el nuevo modelo de ordenación propuesto se conformará en base a criterios de sostenibilidad y neutralización de GEI con el propósito de disminuir la huella de carbono de la situación de partida, neutralizar e incluso potenciar el carbono positivo, pudiéndose llevar a cabo desde la escala autonómica mecanismos de compensación de carbono. Asimismo se tendrán en cuenta criterios bioclimáticos en el diseño y en la implantación de los nuevos crecimientos del territorio con el objeto de minimizar la demanda de los recursos y maximizar la autosuficiencia y la eficiencia en el consumo de los mismos. De tal manera la totalidad de las alternativas de ordenación que se barajen tendrán como fin último la reducción de GEI, cuestión que deberá quedar patente en la comparativa de alternativas que se establezcan. Esto igualmente ha de constituirse en un elemento determinante en la elección de la alternativa de ordenación más oportuna, resultando fundamental en la evaluación ambiental de los instrumentos de planeamiento territorial y urbanístico.
Finalmente cabe señalar que la ordenación del territorio deberá tender a facilitar los mecanismos necesarios para resolver los problemas actuales y a su vez, promover de manera proactiva una transición ecológica justa y resiliente.
Líneas
MOT.2.1 Línea 1: Sumideros y Emisiones.
La neutralidad de emisiones es uno de los pilares fundamentales de la Acción Climática. Para cumplir con este propósito de manera sostenible, no solo se debe enfocar la ordenación urbanística hacia la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también, resulta indispensable ampliar la capacidad de los sumideros de carbono natural. En este sentido, la renaturalización del territorio bajo criterios multifuncionales, multiescalares y multisectoriales tiene un gran peso, siendo una de las sendas más acertadas si se contemplan los cobeneficios a largo plazo.
MOT.2.2 Línea 2: Transición ecológica.
Siendo el objetivo plantear un modelo de ordenación orientado a la neutralidad de emisiones, es necesario que los instrumentos de planeamiento urbanístico contemplen las necesidades de los diferentes sectores de emisión para acometer su descarbonización, con la finalidad de hacer viable una transición ecológica justa. Para ello es preciso que, a través del planeamiento urbanístico, se establezca la ordenación adecuada y las medidas necesarias para afrontar la reducción de emisiones de cada uno de los sectores para alcanzar la neutralidad de emisiones de GEI.
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TPB.4 EJE 4: Sinergias Ecosistemáticas
“Frente a un cambio climático antropogénico, debemos plantear soluciones pensando en fórmulas naturales”
Para la propia supervivencia de la especie humana, debemos desarrollarnos en complicidad con la naturaleza, pues desde la comunidad científica, se reconoce que es un importante escudo y una valiosa arma para combatir el cambio climático antropogénico.
A pesar de esta certeza, en la actualidad podemos encontrar obstáculos para implementar las Soluciones basadas en la Naturaleza en un territorio o en un proyecto. En el presente eje de integración, se facilitarán elementos que pueden ayudar a los equipos redactores a integrar la naturaleza de manera eficiente y sistémica. Esto permitirá trabajar en la Acción Climática para mitigar los gases de efecto invernadero, adaptarnos a los potenciales impactos del cambio climático y alejarnos de la mala adaptación, reforzando los pilares de una transición ecológica justa, resiliente y sostenible a largo plazo.
Para poder apoyar y reforzar la buena gobernanza para la gestión del riesgo de manera democrática e implicando a las partes afectadas, será conveniente trazar múltiples cobeneficios, no solamente desde el punto de vista social y económico, sino también ambiental, planteándose la necesidad de superponer en el territorio canario un adecuado equilibrio entre el sistema natural, el rural y el urbano considerando la amenaza mundial del cambio climático.
Para reorientar el enfoque metodológico del presente eje de integración, se puede tomar como punto de partida el documento “Soluciones basadas en la naturaleza en Europa: Política, conocimiento y práctica para la adaptación al cambio climático y la reducción del riesgo de desastres” y el PNACC. Desde la escala autonómica, será clave partir de lo que se establecerá en la futura Estrategia Canaria de Acción Climática (ECAC).
Líneas
TPB.4.1 Línea 1: Las Soluciones basadas en la Naturaleza.
El buen funcionamiento de los ecosistemas es esencial para la supervivencia y el bienestar de la humanidad, estando los servicios ecosistémicos cada vez más integrados en las políticas a distintas escalas, y por ende, cobrando cada día mayor relevancia las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN). Desde el punto de vista antrópico, se trata de potenciar y aprovechar los beneficios que ofrece la naturaleza para afrontar los retos que entraña el cambio climático sobre la sociedad isleña.
TPB.4.2 Línea 2: El cometido de los Ecotonos: Paisajes heterogéneos y ensamblados.
Frente a un escenario climático cambiante, los bordes de las manchas paisajísticas o Ecotonos, (que actúan en muchos casos también como corredores ecológicos y biológicos), adquieren un papel transcendental en la configuración de un paisaje mitigante, resiliente y adaptado a los malos augurios del devenir climático, por la capacidad de amortiguación que pueden adquirir.
La importancia de la comprensión de los procesos y sinergias ecológicas entre las diferentes manchas de la matriz paisajística, refiriéndonos a estas manchas como las conformadas por las distintas tramas urbanas, recintos industriales, agrosistemas y los espacios naturales, recae en el conocimiento de cómo muchas culturas han sabido gestionar las interacciones ecológicas que se producen entre ellas, gestionando funcionalmente el paisaje con el devenir generacional. La interconexión paisajística entre las diferentes manchas del paisaje es fundamental para alcanzar los objetivos y metas para su conservación, debiéndose considerar las distintas escalas espaciales, usos e intensidades del suelo.
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TPB.3 EJE 3. [Eco] Sistema rural
LA IMPORTANCIA DE LOS SISTEMAS AGROPECUARIOS PARA COMBATIR EL CAMBIO CLIMÁTICO
Se entiende el [Eco]sistema Rural como aquella porción del territorio en la que interactúan los elementos naturales y los humanos en un contexto de producción agropecuaria, silvopastoril o forestal, destacando la incidencia de la actividad humana desarrollada en esos agrosistemas y los efectos e impactos que dicha actividad rural ocasiona especialmente al Ecosistema Natural, y en principio, en menor medida al Ecosistema Urbano. Muchas de las actividades concebidas en el medio rural también han ayudado a desencadenar el Cambio Climático: medios de producción insostenibles, desaparición de hábitats, mermas en los acuíferos tanto en volumen como en calidad, etc. Asimismo cabe incidir en que la productividad agrícola y los agrosistemas se verán muy afectados por el cambio climático. En este sentido, varias líneas de estudio han determinado que por cada grado centígrado de incremento de temperatura a nivel global la reducción de la productividad agrícola puede rondar entre un 6 y un 10%.
A pesar de que el aumento de la concentración de CO2 mejora la eficiencia de la fotosíntesis, los efectos globales previsibles del cambio climático, que a continuación se detallan, reducirán la producción:
- Incremento de la temperatura media y mayor frecuencia de temperaturas extremas.
- Cambios en el régimen pluviométrico de regiones.
- Mayor nivel de repetición de eventos meteorológicos extremos.
- Aumento de concentraciones de ozono.
Estos efectos globales son hechos constatados que pueden incidir a nivel local de la siguiente manera:
- Se pierden tierras cultivables de zonas costeras y se salinizan acuíferos por la acción del aumento del nivel del mar a causa del deshielo polar, y de una mayor frecuencia de mareas ciclónicas.
- Se verán intensificados el desarrollo y la aparición de determinadas plagas y enfermedades, incluso no descritas en el territorio, a causa de que el aumento de temperaturas adelante y propicie el ciclo reproductivo. En Canarias por ejemplo, una mayor afección de plagas primaverales se ve favorecida cuando preceden inviernos en los que se registran más episodios de calima.
- La fitofenología también se ve desfavorecida por desequilibrios climáticos, y se constatan desregulaciones en los ciclos normales del cultivo.
- Los fenómenos meteorológicos extremos además de incidir directamente en la merma de la producción, provocan pérdidas de suelo y limitan el potencial agrológico del territorio.
- Si el cambio climático se da de forma acelerada, muchas variedades tradicionales no serán capaces de adaptarse a nuevas condiciones y se extinguirán, incrementándose los factores que contribuyen a la erosión genética de los agrosistemas.
- Los impactos en la productividad agrícola van a variar ampliamente dependiendo de las regiones del planeta y las previsibles reducciones de productividad en regiones tropicales son susceptibles de verse parcialmente compensadas por el aumento de la productividad en regiones donde las bajas temperaturas limitan la producción.

Figura 57. El incendio de El Paso (La Palma) unido a la ola de calor en agosto de 2021, afectó a numerosas explotaciones agrícolas de la zona. Fuente: ASGUACAN Y EUROPA PRESS.
Frente a este escenario, la presente Guía aporta una serie de nociones para gestionar de manera sostenible e integral los recursos del sistema rural, considerando las amenazas del cambio climático. Será necesario desplegar actuaciones de adaptación para reforzar la soberanía y la seguridad alimentaria, mantener la visión cultural del paisaje canario y potenciar la calidad de vida en este espacio. Esta visión estratégica puede generar múltiples cobeneficios, como por ejemplo, su potencial a la hora de ser un significativo sumidero de carbono.

Figura 58. Cultivos de La Geria (Lanzarote), ejemplo de cultivos resilientes. Fuente: www.golanzarote.org.
Líneas
TPB.3.1 Línea 1: Agrosistemas sostenibles.
En las últimas décadas, la agricultura industrial amenaza la diversidad de los cultivos tradicionales, al sustituirlos por variedades híbridas y/o genéticamente, con una carga genética muy poco estable en el tiempo, que no permite una propagación tradicional por selección de propágulos de los individuos más productivos y adaptados a las condiciones locales, pudiendo además, contaminar a las variedades nativas tradicionales e incluso, a las especies silvestres.
Además, la producción de cultivos de exportación y la expansión de los biocombustibles a cambio de las importaciones de alimentos, no favorece la autosuficiencia alimentaria y ponen en peligro los ecosistemas locales. No cabe duda que la humanidad necesita un paradigma alternativo de desarrollo agrícola que fomente una agricultura biodiversa, resiliente, sostenible, socialmente justa y de proximidad. En este sentido, la agroecología es capaz de producir alimentos nutritivos y sostenibles, sin la necesidad del empleo de insumos y de recursos externos al territorio, especialmente considerando el contexto global actual caracterizado por tensiones internacionales.
TPB.3.2 Línea 2: Soberanía alimentaria.
La contribución de la agricultura campesina a la seguridad alimentaria en medio de escenarios de cambio climático, conflictos bélicos, crisis económica y energética, ha conllevado que en los últimos años exista un mayor interés por parte de la comunidad científica sobre los conceptos de soberanía alimentaria y la agroecología.
Frente a los catastróficos escenarios vinculados a la producción de alimentos, resulta urgente adoptar sistemas de producción más eficientes basados en la agroecología, como una manera de aumentar la producción de alimentos y mejorar la situación de los colectivos más vulnerables.
Destacar que la producción local de alimentos, genera enormes cobeneficios, como por ejemplo, la reducción del consumo de combustibles fósiles y de insumos de origen industrial, por lo que ayuda a evitar los impactos generadores del cambio climático. Al mismo tiempo, permite que la población local garantice su alimentación sin depender de externalidades, suponiendo una fuente generadora de riqueza (no solo económica).
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TPB.2 EJE 2. Patrimonio y paisaje
Cada día es más latente la amenaza del cambio climático en gran parte de las comunidades humanas y sobre su legado cultural. En este sentido, la planificación urbanística y la ordenación del territorio tienen gran protagonismo a la hora de abordar las diferentes opciones para adaptar y proteger nuestro rico patrimonio cultural ante dicho fenómeno, con el propósito de incrementar la resiliencia cultural y social del territorio.
Existe una cultura asociada a la gestión del paisaje, que se transcribe también en elementos etnográficos diferenciados, tanto materiales como inmateriales. El ser humano como especie que coloniza un espacio geográfico, con asentamientos perdurables en el tiempo, generación tras generación, va creando una simbiosis entre el medio natural y su forma de vida. De tal manera, y con el devenir de nuevas generaciones, se ha forjado las singularidades del paisaje rural de Canarias con sus peculiaridades ecológicas, que rubrican la idiosincrasia y la cultura campesina de las islas haciéndolas únicas, no sólo con respecto al paisaje en sí, sino a la forma de vida asociada a ese paisaje: formas de cultivar, gestión de variedades y cultivares tradicionales, etnografía, gastronomía, saberes etnobotánicos, etc.
Se hace hincapié en la importancia de la actividad humana como gestora del paisaje rural, que no sólo lo entiende, sino que además lo hace suyo, y del que ha aprendido a sacar el máximo rendimiento, teniendo en cuenta incluso el paso de diversas generaciones: auténtica definición de sostenibilidad, conocimiento ancestral entre las cuerdas por los efectos del cambio climático.

Figura 45. Paisaje de bancales en Valle de Gran Rey (La Gomera). Fuente: www.gomeratoday.com.
El presente eje de integración pretende preservar y mejorar el patrimonio cultural natural y rural, aprovechando el conocimiento popular y las nuevas tecnologías con el fin de incrementar la resiliencia del territorio y de la cultura asociada de gestión ante el cambio climático.
Con respecto al acercamiento del patrimonio cultural que se encuentra dentro de las ciudades y pueblos, véase el eje de integración EU.2 ARQUITECTURA ADAPTADA Y RESILIENTE (área temática [Eco]sistema urbano), donde se contemplan las edificaciones, las infraestructuras y los conjuntos históricos urbanos.
Líneas
TPB.2.1 Línea 1: Identidad del lugar.
A través de la ordenación territorial y la planificación urbanística se pretende abordar el rico legado cultural de nuestro territorio, salvaguardando aquellos elementos más vulnerables al cambio climático y potenciando la sabiduría etnográfica como parte de la estrategia que refuerce la resiliencia del territorio. Subrayar que la gestión y la sabiduría biocultural de los entornos rurales, los conocimientos e infraestructuras tradicionales pueden contribuir positivamente a la lucha contra el cambio climático. En este sentido, son claves los Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) que suponen paisajes agrícolas excepcionales caracterizados por el estrecho vínculo con la biodiversidad, los ecosistemas resilientes, el conocimiento tradicional y el valioso patrimonio cultural. En relación con esto, la FAO insiste en que preservar estos sistemas agrícolas ancestrales es fundamental para el futuro de la alimentación.
TPB.2.2 Línea 2: Paisajes cambiantes.
El entorno se modifica de tal manera que se crean paisajes que necesitan manos activas que custodien y eviten la degradación hasta la absoluta irreversibilidad funcional, a niveles ecosistémicos y antrópicos. Es tal la influencia del ser humano y de sus sistemas productivos, que incluso nuestros espacios naturales, que aparentemente parecen vírgenes, han sido también fuente de insumos y recursos, y no solo empleados en agricultura y ganadería. Muchos autores hablan del incuestionable valor ambiental, económico y sociocultural de la agricultura tradicional, y de cómo estos sistemas agrarios se integran ecológicamente en el paisaje, a pesar de ocupar y modificar ecosistemas naturales al inicio de la actividad. En este contexto, el patrimonio y el legado cultural de la población rural, son una fuente de conocimiento del territorio, intrincada en la memoria estructural del paisaje, y que planteada desde el respeto hacia nuestros ancestros, pueden favorecer el incremento del valor ecológico de los paisajes rurales y naturales, dada su valencia como “zonas de amortiguación” frente a los efectos del cambio climático. Además, estos entornos culturales poseen gran relevancia a la hora de reforzar la soberanía alimentaria.
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