MA.4 EJE 4: Infraestructuras: resiliencia, adaptación y naturaleza
Numerosas investigaciones científicas han demostrado que las variaciones climáticas potencian los fenómenos atmosféricos y aumentan la frecuencia de eventos extremos, lo que demuestra que es necesario realizar nuevas precisiones que tengan en cuenta indicadores relacionados con la variabilidad del clima en los procesos de planificación y construcción de las infraestructuras.
El cambio climático plantea importantes retos para esas infraestructuras de transporte ya que los elementos estructurales y su sistema de explotación, se ven afectados por diversos impactos directos e indirectos, y se prevé que ocasionen repercusiones significativas en el diseño, construcción, mantenimiento y operación de los distintos elementos que componen el Sistema General de Infraestructuras (SGI).
Por tanto, la reducción de la vulnerabilidad de las infraestructuras de transporte y el aumento de su resiliencia es de vital importancia para el correcto desarrollo de este sistema general actual y futuro.
Resiliencia: “Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”. (RAE)
Desde el año 1990 el territorio canario ha sufrido diversos cambios ocasionados por los impactos derivados del cambio climático. Cabe afirmar que aumentará el riesgo, la intensidad y el impacto de las inundaciones en Canarias, de los incendios y de los desprendimientos, por lo que resultará esencial transformar las infraestructuras a unas resilientes ligadas a los sistemas de alerta temprana y de coordinación de los distintos agentes implicados.
Por otro lado, las consecuencias que los efectos del cambio climático pueden tener sobre las infraestructuras del SGI y, dado que estas son un elemento relevante en la ordenación del territorio, sobre el urbanismo y la vertebración territorial, ha alertado de la necesidad de incluir las variables climáticas y sus proyecciones en los sistemas de planificación y gestión de las infraestructuras. Pero, estas no son las únicas que sufren daños, ellas también los provocan.
Las infraestructuras viarias ocupan un alto porcentaje del territorio y son consideradas como uno de los grandes causantes de las modificaciones del paisaje, teniendo un papel fundamental en la definición de la forma y estructura territorial y urbana. Esto, sumado a la expansión poblacional, es por lo que la extensión de las infraestructuras se ha incrementado considerablemente generando diversas consecuencias como la fragmentación de los ecosistemas, pérdida de la biodiversidad, interrupción de conectores ecológicos, efectos no solo ocasionados por el elevado sellado del suelo que provocan los pavimentos, sino que incluye los efectos secundarios que causan los procesos constructivos teniendo como resultado una fuerte degradación del paisaje.

Figura 28 Fragmentación de hábitats ocasionada por la construcción de una infraestructura viaria. Fuente: Fragmentación del paisaje en Europa. AEMA-OFMA (Die Geographen schwick+spichtig)
La construcción de las grandes infraestructuras conlleva cambios hidrológicos que pueden llegar a alterar el régimen hídrico generando sequías o excesiva humedad, así como la modificación del cauce natural de los barrancos debido al cambio de rumbo de las escorrentías. Causan diferentes tipos de contaminación como la polución del tráfico y el asfalto, que afectan a la calidad de las aguas y la contaminación acústica que genera segregación urbana en los diferentes núcleos que atraviesa dejando a su rastro las consecuencias nombradas anteriormente.
Por estos motivos, es preciso establecer estrategias o acciones desde la planificación urbanística para minimizar su impacto, más teniendo en cuenta que se multiplicarían debido al aumento de su vulnerabilidad frente a los efectos del cambio climático.
En el pasado año 2013 surge un nuevo concepto que abre paso a una nueva generación de infraestructuras, la denominada infraestructura verde-azul (ver área temática Territorio, Paisaje y Biodiversidad y [Eco]sistema Urbano).
Esta infraestructura se nutre de los beneficios que proporciona la naturaleza, pudiendo obtener diversas soluciones dinámicas e innovadoras que permitan crear una infraestructura verde-azul sólida. De igual forma, obtener beneficios adicionales como la absorción de CO2 por ser sumideros de carbono, mejorando la calidad del aire, la reducción del riesgo de inundaciones, control de la erosión, contribución a la creación de nuevos hábitats, mejorar la biodiversidad y mejorar la calidad de vida de la ciudadanía y ayuda a disminuir la vulnerabilidad de las infraestructuras frente al cambio climático.
Líneas
MA.4.1 Línea 1: Infraestructuras resistentes y resilientes.
La adaptación de las infraestructuras viarias a la variabilidad del clima tiene como objetivo prever los efectos adversos y tomar medidas adecuadas, a medio y largo plazo, para evitar o minimizar los datos que puedan causar con el objetivo de reducir los costes económicos futuros y maximizar la rentabilidad de las inversiones.
Siempre ha existido una estrecha relación entre el clima y las infraestructuras, sin embargo, los cambios acelerados que se están produciendo, y los que se prevé que ocurran, hacen que los datos históricos que se utilizan para su diseño no sean suficientes.
Este hecho pone sobre la mesa que, si la planificación y el diseño de estas se continua realizando atendiendo solo a las prácticas más habituales de la ingeniería en base a los datos históricos existentes, es muy probable que no sea posible dar respuesta a los eventos climáticos que vienen sucediéndose y que previsiblemente se seguirán repitiendo con el paso de los años.
MA.4.2 Línea 2: Integración de la naturaleza (SbN). Permeabilidad del suelo.
Existe una relación ineludible e histórica entre infraestructuras y paisaje, ya que entre ambos hechos se ha producido un largo proceso de interacción, es decir, las infraestructuras han contribuido a la conversión de los espacios del territorio y puede decirse que pueden considerarse el tercer gran modificador de los paisajes naturales, tras la agricultura y la urbanización.
Con la oposición entre “naturaleza en la ciudad” y la “naturaleza de la ciudad” se quiere indicar que la ciudad tiene su propia naturaleza, siendo aquella que se vincula con su condición de lugar público. La incorporación a la ciudad de aquellos otros elementos provenientes del sistema natural que adoptan, como la infraestructura verde-azul coincide con un momento en el que se vinculan las dotaciones con la necesidad de amabilizar e higienizar el sistema urbano, siendo la única manera de procurar una alternativa sostenible y de calidad a los espacios sociales.
El concepto de verde urbano no puede limitarse a la vegetación de jardines y al arbolado viario, sino que tendría que integrar espacios concebidos y gestionados con una mirada mucho más amplia para llegar a favorecer la biodiversidad. Es lo que la Comisión Europea ha definido como la infraestructura verde-azul urbana y las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) que integran drenajes sostenibles, balsas de laminación, pavimentos permeables, muros o cubiertas verdes, etc.
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MA.3 EJE 3: Ciudad con balance neutro
Las Islas Canarias representan un escenario ideal para el desarrollo de soluciones de movilidad sostenible que favorezcan la independencia energética, reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero y hagan más competitiva la economía regional.
La sostenibilidad en el transporte de las islas pasa por el uso colectivo de los modos de transporte, por el cambio de hábitos de movilidad de la ciudadanía y por el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan la propulsión sin emisiones contaminantes GEI y la máxima eficiencia energética.
DATO INFORMATIVO: Un análisis detallado reflejado en el MITMA, informa que cerca del 42% del consumo de energía final del transporte nacional por carretera se realiza en medio urbano (mercancías y pasajeros) y un 57% en medio no urbano.
(Observatorio del Transporte y la Logística, del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda
Urbana)
En Canarias, el sector del transporte y la movilidad representó un 75,14% de demanda de energía final siendo el responsable del 40,1% de las emisiones de CO2eq en el mismo año, correspondiendo a nivel nacional, con un 27 % de las emisiones de CO2eq según el Inventario Nacional de Emisiones (2018).
(Anuario Energético de Canarias, 2018)
Las tecnologías referentes a la movilidad sostenible pueden ser, la tecnología híbrida, la cual combina motor térmico eficiente con motores eléctricos, y asean enchufables o no; la tecnología eléctrica pura, cuyos vehículos emplean solo la energía eléctrica de la red; y la tecnología de pilas de combustibles (hidrógeno), con la cual los vehículos son capaces de generar la electricidad que necesitan para hacer funcionar sus motores a partir de otro producto.
Según datos de la Dirección General de Tráfico para el año 2019, Canarias tienen un parque de 2.442 vehículos eléctricos que representa el 3% de los 81.165 que hay en el país a cierre del mes del pasado mes de julio, pero actualmente carecen de infraestructuras de transporte de energía eléctrica que las conecten con los continentes Europeo o Africano, por lo que para abastecer la demanda de electricidad existen 6 Sistemas Eléctricos Insulares Independientes en varias de las islas, Gran Canaria, Lanzarote+Fuerteventura, Tenerife, El Hierro, La Palma y La gomera. Esta independencia eléctrica y la disgregación de generación de esta energía, la dependencia exterior para abastecer a las islas de combustibles fósiles y que no disponen de regasificadoras en todas las islas hace, junto con la lenta introducción del transporte en las energías renovables que el coste de producción de esta energía eléctrica sea la más cara del territorio nacional.
Líneas
MA.3.1 Línea 1: Transición al transporte sostenible, inteligente y emisiones 0.
La sostenibilidad en el transporte de las islas pasa por el uso colectivo de los modos de transporte, por el cambio de hábitos de movilidad de la ciudadanía y por el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan la propulsión sin emisiones contaminantes GEI y la máxima eficiencia energética.
El sector transporte terrestres tiene una gran relevancia, no solo como fuente de GEI, sino también desde el punto de vista de su dependencia energética y del coste creciente de los combustibles fósiles importados. A ello hay que sumar otros efectos ambientales producidos por el tráfico rodado convencional, especialmente en entornos urbanos, como posibles episodios de contaminación atmosférica y acústica o el consumo de suelo y la ocupación del espacio urbano. Todos estos factores ponen en relieve la importancia de adoptar un sistema de movilidad y transporte más sostenible.
Es donde entra el concepto de Smart City, que aglutina de forma integrada las iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida, la sostenibilidad y la gestión eficiente de los servicios, innovando en materiales, recursos y modelo usando la tecnología de forma intensiva. Este término afecta a todos los servicios que se prestan en una ciudad incluido la movilidad y el metabolismo urbano.
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MA.1 EJE 1. Transporte: Sostenible, público y eficiente
La Comisión Europea, en el Libro Blanco del Transporte publicado en 2011, «Hacia un Sistema de Transportes competitivo y eficiente en el consumo de recursos», constata que el transporte todavía no es sostenible debido a su alta dependencia del petróleo, a los altos índices de congestión y a los altos impactos medioambientales y económicos que conlleva. Tampoco lo es desde el punto de vista social debido a los enormes costes derivados de la accidentalidad y los problemas de accesibilidad. Conseguir una movilidad eficiente y sostenible, es uno de los desafíos de los territorios y ciudades del presente y del futuro.
El transporte y la movilidad terrestre presentan una profunda interacción con los criterios de ordenación del territorio, sobre todo, por el consumo y artificialización del suelo.
DATO INFORMATIVO: “[…] la capital grancanaria ocupa el puesto 313 con un nivel de congestión
del 18%, es decir, que usted emplea un 18% más de tiempo en desplazarse al punto de destino de lo
que lo haría en condiciones normales.
Esto significa que en un desplazamiento medio -media hora entre ida y vuelta- en la capital
grancanaria, cada conductor va a perder unos 8,5 minutos al día. Quizás no le parezca mucho, pero
al cabo de un año, le habrán quitado dos días enteros, es decir, que habrá estado 48 horas de más
metido en el coche.”
(Informe de congestión de tráfico. TomTom, 2019)
Tal y como se definió en el Informe sobre Estado del Arte de Medidas de Lucha contra el Cambio Climático de la Consejería de Medio ambiente y Ordenación del Territorio, en el año 2007, afrontar un desarrollo sostenible desde el transporte y la movilidad supone realizar un conjunto de actuaciones y medidas reglamentarias tecnológicas, fiscales e incluso educativas, que deben funcionar de forma integrada y transversal desde todas las disciplinas de la planificación urbanística del territorio y del sistema urbano.
Si ya la insularidad del territorio supone la división natural de la región, las características del proceso de urbanización refuerzan el aumento de necesidad de utilización del vehículo y trae consigo el incremento de las infraestructuras viarias que generan el denominado “efecto barrera” debido a la transformación de un territorio unificado a un territorio fragmentado. Esta cuestión determina enormemente las necesidades y los patrones de movilidad de la población lo que conlleva un aumento de las emisiones de GEI.
En el documento “Transporte y cambio climático: hacia un desarrollo sostenible y de bajo carbono” se plantea un nuevo enfoque de transformación del sector denominado: “Evitar-Cambiar-Mejorar” (ASI por sus siglas en inglés) el cual establece unos principios rectores para lograr de manera eficaz el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en proyecciones futuras a partir de sistemas de bajo costo y accesibles para su implementación.

Figura 4 Esquema de Evitar-Cambiar-Mejorar. Fuente: Elaboración propia.
Este enfoque permite la ver el gran potencial de posibles acciones de promoción y transformación del sistema de transporte y movilidad para que se convierta en un sistema bajo en carbono. Además, sí es posible luchar contra la generación de contaminación y demás problemas ocasionados mediante la transversalidad y la coordinación entre las actuaciones urbanísticas y las actuaciones referentes de la movilidad. No se puede tomar la ordenación urbanística y la gestión de la movilidad como dos entes separados. Asimismo, el cambio hacia un desarrollo 0 carbono en el transporte requiere de una sólida voluntad por parte de la ciudadanía y de las administraciones competentes de cambio y adopción de nuevos enfoques para el análisis y diseño de políticas.
Líneas
MA.1.1 Línea 1: Transporte, conectividad y trasvase modal.
La movilidad sostenible es aquella capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos naturales existentes en el futuro. Por tanto, implica un conjunto de estrategias y medidas destinadas a recuperar la calidad del espacio, favoreciendo los modelos de transporte que menos recursos naturales consumen y menos costes ambientales provocan. Esto significa mitigar los distintos tipos de contaminación causados por el transporte terrestre (emisiones de GEI, contaminación acústica, estrés…). También exige la conservación de los recursos, la reducción del consumo energético, el alivio de la congestión y la resolución de problemas de equidad.
En ese contexto, es primordial el cambio hacia formas de movilidad más sostenibles y derive en la promoción de los modos de transporte más respetuosos, como los desplazamientos a pie y en bicicleta, así como el uso del transporte público o vehículos de contaminación directamente nula.
MA.1.2 Línea 2: Intermodalidad y oferta de aparcamiento.
La capacidad de las islas y de sus municipios para organizar el flujo eficiente y sostenible de los desplazamientos repercute directamente en sus propias posibilidades de progreso. De ahí la necesidad de evolucionar hacia una nueva cultura de la movilidad donde exista la intermodalidad entre los distintos medios de transporte y donde se le de mayor valor a los menos contaminantes.
Por ello, es necesaria una gestión de la demanda de movilidad privada que requiera de una alta concienciación y participación ciudadana, sin olvidarse de una eficiente oferta de medios de transporte público e itinerarios atractivos para modos no motorizados. Para esto, es necesario aplicar medidas de contención o restricción del uso del automóvil privado, que pueden incluir la regulación del aparcamiento, la creación de una buena oferta de aparcamientos, y asean aparcamientos disuasorios y/o estaciones intermodales, la peatonalización de ciertos ámbitos, la creación de una red continua y segura para los modos no motorizados.
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MTU.4 EJE 4. Resiliencia y adaptación de las infraestructuras de servicios esenciales
Dado que “la adaptación es específica del lugar y el contexto, y no existe ningún método único para reducir los riesgos que resulte adecuado para todas las situaciones”, lograr un conocimiento científico preciso de las condiciones climáticas actuales y de las proyecciones climáticas en Canarias, es indispensable para poder abordar las evaluaciones de vulnerabilidades, riesgos e impactos en sistemas e infraestructuras del metabolismo territorial y urbano afectados por el cambio climático.
A su vez, estos conocimientos son básicos para poder llevar a cabo una adaptación eficaz y la creación de resiliencia. La cual es una característica que constituye parte de la sostenibilidad y es un término que la incrementa, ya que hace posible que las infraestructuras existentes y las previstas puedan utilizarse y funcionen de una manera correcta en aquellos momentos más críticos.

Figura 27 Guías de adaptación Gobierno de España. Fuente: AdapteCCA
Líneas
MTU.4.1 Línea 1: Sistemas de infraestructuras sustentables y resilientes.
Un mejor conocimiento de los riesgos, vulnerabilidades e impactos es fundamental para priorizar y orientar adecuadamente las actuaciones para dirigirlas a prevenir los impactos y facilitar la recuperación tras los daños con la mayor rapidez posible. Para ello, es preciso descartar los enfoques sectoriales y considerar al territorio como una red de sistemas interdependientes en los que se establece que los servicios urbanos se encuentran interconectados entre sí.
Las infraestructuras y elementos que componen el sistema energético puede decirse que no forman parte de los procesos de adaptación, ya que están más relacionados con el consumo de recursos y es el principal emisor de GEI, por lo que se pueden hacer muchas actuaciones de mitigación de esos gases contaminantes más que de adaptación.
Sin embargo, existen una serie de riesgos derivados del cambio climático para el sistema energético en relación al suministro de energía primaria, generación de electricidad, transporte, almacenamiento, distribución y la demanda de energía. Por tanto, es preciso considerar las posibles afecciones del cambio climático a lo largo del proceso de transición hacia un sistema energético sostenible y eficiente para hacer que esté compuesto de infraestructuras más resilientes y ubicadas en el lugar idóneo para que, en el caso de ocurrencia de eventos extremos, sufran el menor daño posible y no se desabastezca a la población durante un período largo de tiempo.
De igual modo, el cambio climático está afectando de forma creciente a la distribución temporal y espacial de los recursos hídricos y a la frecuencia e intensidad de los desastres naturales relacionados con el agua, aumentando el estrés hídrico reflejado y la disponibilidad del agua, incrementando el riesgo de sequías, las cuales serán más repetidas, largas e intensas, y de inundaciones, con crecidas más frecuentes y caudales punta más elevados.
Un punto clave es la mejora de la resiliencia y la disminución de la vulnerabilidad de los elementos ubicados en las zonas inundables, la recuperación de las llanuras aluviales, la optimización de los sistemas de defensa son uno de los puntos importantes de actuación para mejorar esos dos conceptos. Asimismo, el fomento de las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) que promueven cobeneficios para otros objetivos como el estado de conservación del sistema natural y los ecosistemas que lo conforman, la protección de la calidad del agua, la recarga de acuíferos o la conectividad ecológica. Siempre que sea posible, se utilizarán análisis coste-beneficio para la priorización de las medidas.
Al igual que sucede con las infraestructuras energéticas, las destinadas a la gestión de los residuos no forman parte de los procesos de adaptación al cambio climático, al estar más relacionadas con la descarbonización y la reducción de las emisiones de GEI derivadas de la degradación de la materia orgánica. Sin embargo, no están exentas de sufrir daños.
MTU.4.2 Línea 2: Resiliencia y adaptación del ciclo urbano del agua
Los núcleos urbanos llevan consigo ciertas actuaciones que afectan negativamente al medioambiente. El problema se encuentra en la combinación de la ocupación del suelo y la urbanización de entornos naturales, y por el otro, la cubrición de terrenos con capas impermeables de forma artificial (asfalto u hormigón) ya que se corta la comunicación entre el suelo y la atmósfera impidiendo la infiltración del agua en el terreno e imposibilitando la recarga de los acuíferos. Esto es lo que se define como “sellado del suelo”.
Siendo conscientes de lo anterior, y aplicando unas medidas específicas para cada una de las especificidades del ámbito de estudio y/o actuación de los planes urbanísticos, pueden llegar a mantenerse unos niveles de escorrentía asimilables a los naturales en donde pueda llegar a filtrarse el agua pluvial, se reutilice y se ayude al ciclo hidrológico a seguir su cauce.
Por todo esto, desde el planeamiento urbanístico hay que empezar a dar paso a un nuevo enfoque de planificación y urbanización que contribuya a crear zonas más sensibles a las aguas pluviales y a favorecer a la recarga de los acuíferos y no contaminación de las masas de agua subterráneas y superficiales. Esto incluiría la inserción de los denominados Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible y las soluciones basadas en la naturaleza (SbN).
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MTU.3 EJE 3. Infraestructuras de gestión de residuos
Uno de los factores limitantes de cualquier ecosistema es su capacidad de procesar los residuos generados en su funcionamiento, por lo que el presente eje de integración Infraestructuras de gestión de residuos, evidencia que el sector de los residuos no es una excepción en la lucha contra el cambio climático ya que se verá también afectado por esta realidad, tanto por la influencia que puedan tener sus actividades sobre el aumento de GEI, como por los efectos que él pueda tener sobre el sector.
Los residuos generados por los municipios a excepción de los evacuados en las redes de saneamiento, se denominan residuos sólidos urbanos (RSU), los cuales provienen, en su gran medida, de las actividades desarrolladas en los entornos urbanizados como el de los hogares, comercios, hostelería, servicio, etc. La mayor proporción es la que generan las actividades domésticas por lo que su reducción se encuentra directamente ligada con el área temática [Eco]sistema Urbano (EU), y la relación con la ciudadanía y su concienciación. De la misma manera que se puede fomentar la reducción del consumo energético o el agua, es importante transmitir y hacer todo lo posible para que la población sepa lo importante que es el control de la generación de esos RSU y que empieza por el cambio de hábitos de consumo hacia prácticas minimizadoras.
DATO INFORMATIVO: Canarias genera 1.57 kilogramos de residuos sólidos urbanos por persona y
día, y únicamente el 13.3 % de estos residuos son recogidos de forma separada.
(ISTAC 2018)
Los municipios Canarios tuvieron una alta tasa de generación de residuos sólidos urbanos per cápita
(580 Kg/hab.año) situándose por encima de la media de la UE, 489 Kg/hab.año, y del conjunto de
España, 475 Kg/hab.año.
Justificación:
– «[…] La actividad turística lleva aparejado una producción media por habitante equivalente
superior a la de los hogares.
– El hecho insular lleva aparejado un consumo diferente, la mayor parte de los productos
vienen de fuera, y por tanto con una mayor proporción de envases y embalajes, ya sean
domésticos o industriales. Unido al mayor consumo de la actividad turística.”
(PIRCAN 2018)
La gestión de los residuos es uno de los grandes retos existentes en la actualidad. Hasta la fecha, los esfuerzos recaen sobre la gestión de los RSU, pero siguen existiendo ciertas carencias para los residuos provenientes de la agricultura y la ganadería los cuales, a lo largo del tiempo, han ido generando cada vez más residuos.
El tratamiento y gestión de estos residuos no ha de quedar en el olvido ya que puede generar cierta problemática en cuanto a la generación de tensiones territoriales y sociales en la población y puede generar una situación que estrangule la actividad primaria, escasa a veces, de recursos y medios necesarios para gestionarlos. Se trata pues, de un inconveniente que tiene que ser resuelto a primera instancia a escala local y, sin embargo, como resultado del régimen competencial vigente, la intervención de las entidades locales en la gestión de estos residuos es un tema que parte de la sensibilidad, concienciación y voluntad de los trabajadores de este sector.
La planificación y gestión de los residuos cuenta con una amplia gama de instrumentos y normativas de aplicación. Esta legislación viene justificada por el problema que genera la fragmentación del territorio al obligar a multiplicar las instalaciones de gestión y tratamiento de residuos, hecho que ve agravado las emisiones de GEI del proceso y las emisiones derivadas del transporte de los materiales y residuos. Por ello, a través de la planificación sectorial y del planeamiento territorial y general, y las escalas más pequeñas de ordenación a las que hace referencia la presente Guía, se pretende propiciar la reducción de la producción de residuos y su adecuada gestión, así como la reutilización y revalorización.
A su vez, desarrollar un modelo de gestión y estructural, bajo la premisa del modelo territorial, que solucione la gran generación de residuos y las emisiones de GEI derivadas del tratamiento y gestión de los mismos, de acuerdo a los objetivos establecidos en las distintas normativas europea, nacional y autonómica de lucha contra el cambio climático, es un reto a plantear desde las diferentes escalas de planeamiento urbanístico.
De todas las normativas e instrumentos existentes, se destaca el Plan integral de residuos de canarias (PIRCAN 2018-2025). El PIRCAN es un documento de planificación que trata de prevenir la producción de residuos, y en su caso, resolver los problemas derivados de su gestión en la comunidad autónoma, de acuerdo con los preceptores legales tanto desde el ámbito europeo, como estatal y autonómico.
Para el desarrollo del presente eje de integración, se han tomado de base cuatro de los seis principios inspiradores establecidos en el Plan Integral de Residuos de Canarias (2018-2025):
- “Jerarquía. Prevención; Preparación para la reutilización; Reciclado; Otro tipo de valorización; y Eliminación. Y por este orden, con especial hincapié en las tres primeras de acuerdo con los objetivos adoptados por la UE, para los años 2020 y posteriores hasta 2035.
- Mejor opción ambiental. Cerrar el círculo. Como mejor opción en la lucha contra el cambio climático, para transformar residuos en recursos, y permitir reintroducirlos cuantas más veces mejor en la cadena productiva, utilizando la mejor tecnología disponible.
En este sentido, y por las especiales características de Canarias (condicionantes que más adelante se consideran), se debe promover al máximo la reutilización y el aprovechamiento interno de los residuos. Si bien, también es necesario exportar una gran cantidad de residuos recuperados y acondicionados para posibilitar su aprovechamiento, mediante el reciclaje y la valorización externa, con las máximas garantías.
- Autosuficiencia y proximidad. Al objeto de evitar sobrecostes de transporte innecesarios con el fin de alcanzar la máxima eficacia, se deberá fomentar que los residuos se gestionen próximos a la fuente de generación siempre que sea factible, desde los puntos de vista técnico, económico, ambiental, y de oportunidad, debiendo interpretarse y aplicarse, este principio, de acuerdo con la normativa comunitaria y estatal aplicable.
- Eficacia y solidaridad interinsular. Entre otros aspectos, todas las instalaciones públicas de tratamiento de residuos en el ámbito autonómico se conciben como una red integrada. No deben promoverse instalaciones cuando no sea posible alcanzar las necesarias economías de escala, y más si ello se posiciona en contra del principio de Jerarquía.”
A partir de estos principios, se deberá procurar, desde el planeamiento urbanístico, el cumplimiento de cada uno de ellos.
Líneas
MTU.3.1 Línea 1: Infraestructuras y eficiencia en la gestión de residuos.
La gestión sostenible y resiliente de los residuos implica, desde la escala estructural y, en mayor medida, desde la escala pormenorizada, la transformación del actual modelo lineal del Metabolismo Territorial y Urbano, por un modelo circular (Economía Circular) donde los ciclos de la materia se cierran, se reduce la generación de los residuos y se potencia su revalorización consumiendo el mínimo de energía y la que se consuma es captada a partir de fuentes de energía renovable. Es decir, surge la necesidad de imitar a la naturaleza, en donde todo tiene una segunda vida, es decir, todo se aprovecha y nada se desperdicia.
La transición hacia la economía circular, no cabe duda que presenta una enorme oportunidad para conseguir la transformación a modelos sostenibles de producción y consumo de materiales y residuos. Pero además, los municipios pueden tener la potencialidad de liderar el cambio transicional mediante la implantación de nuevos metabolismos de ciclo cerrado, en aras de conseguir una mayor sostenibilidad. Invertir la pirámide de la jerarquía de residuos, es garantizar el cumplimiento de la economía circular.
Sin perjuicio de la aplicación de la jerarquía de residuos, la cual tiene que prevalecer, hay que establecer una red integrada de infraestructuras para la gestión, tratamiento y valorización de los residuos, así como para su revalorización y la disposición del rechazo.
Según la Agencia de Residuos de Cataluña, tiene que apostarse, antes que la creación de nuevas y grandes infraestructuras de gestión de residuos a largas distancias de los núcleos urbanos, por la instalación de infraestructuras más pequeñas y ubicadas en el ámbito de estudio y actuación distribuidas de forma razonable para que los trayectos a realizar sean los menores posibles y así reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. De esto nace el principio de autosuficiencia y proximidad.
MTU.3.2 Línea 2: Economía Circular.
El tratamiento de los residuos generalmente ha tenido forma lineal, por ello, la economía circular, y todo lo que conlleva ese término, es una respuesta a la inminente necesidad de creación de ecosistemas territoriales y urbanos sostenibles y eficientes. Esto es posible partiendo del diálogo entre el sistema rural y el urbano, para transformar y reconducir esa sinergia hacia parámetros que no sigan expandiendo el camino hacia el punto de no retorno de la sostenibilidad de la Tierra y sus recursos.
En la correlación entre los dos sistemas, se presenta el principal problema causado por la expansión urbana y las migraciones demográficas y, consecuentemente, la fragmentación del territorio y de gestión de sus recursos. La capacidad de generar una relación transversal entre cada uno de esos vectores, es un factor clave a la hora de obtener un alto grado de sostenibilidad en la gestión de los residuos.
La gestión del territorio y las ciudades que lo componen, no pueden entenderse como un conjunto de funcionalidades o temáticas independientes, sino como un todo que tiende a ser más que la suma de las partes. Por ende, cuando se habla del término economía circular, se entiende que va intrínseco al concepto de urbanismo circular, desde donde los términos, retroalimentación y autoconsumo comienzan a formalizarse.
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MTU.2 EJE 2. Infraestructuras y recursos hídricos
El agua se encuentra en el epicentro del desarrollo sostenible y es fundamental para el desarrollo socio-económico, para mantener unos ecosistemas saludables y para aumentar la supervivencia humana. Es un bien natural vital para reducir la carga mundial de enfermedades, mejorar la salud, el bienestar y la productividad de la ciudadanía así como para la producción y la preservación de ciertos beneficios y servicios de los que goza la población mundial. De la misma forma, el agua se ubica en el corazón de los procesos de adaptación al cambio climático convirtiéndose en el nexo crucial entre el sistema climático, la sociedad y el medio ambiente.
Este recurso es limitado e insustituible y puede suponer un gran desafío para el desarrollo sostenible pero, gestionado de manera eficiente y equitativa, puede jugar un papel importante para aumentar el fortalecimiento de la resiliencia de las islas de Canarias.
«Teniendo en cuenta los altamente probables cambios climáticos, los gobiernos deberían volver a evaluar a todos los niveles los procedimientos legales, técnicos y económicos para la gestión de los recursos hidrológicos»
(Informe elaborado por el Panel de Agua y Clima, EEUU, 1990)
El 71% de la superficie del planeta es agua siendo indispensable para la vida, humana animal o natural es por eso que se acordaron en el año 2000 los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en donde se encuentra el ODS 6, “Agua Limpia y Saneamiento”.
Líneas
MTU.2.1 Línea 1: Infraestructuras Hidráulicas del Modelo Territorial.
El agua es un recurso que cumple distintas funciones tanto sociales como ecosistémicas que deben ser gestionadas desde un enfoque de desarrollo sostenible. Esta gestión dependerá de las tecnologías, instituciones y conocimientos disponibles en cada uno de los sistemas. Por ejemplo, en el sistema natural el agua es un bien vital para la flora y la fauna, en el sistema rural, su importancia viene determinada por la actividad agrícola y ganadera y en el sistema urbano para la salud y bienestar de la ciudadanía y aumento del confort ambiental. De modo transversal es un elemento reductor de la temperatura.
En general, las estrategias de mitigación para el sector hídrico pueden tener dos clasificaciones. Las primeras, las basadas en la naturaleza, las cuales aportan unos cobeneficios para todos los aspectos del desarrollo sostenible empleando aspectos que imitan a los procesos naturales para aumentar la disponibilidad del agua (retención de la humedad del suelo y recarga de las masas de agua subterránea), mejorar su calidad (humedales naturales y artificiales), actúan como sumideros de carbono absorbiendo las emisiones de GEI, a la par que reducen los riesgos asociados al cambio climático y los desastres relacionados con el agua.
Por el contrario, las segundas estrategias las cuales corresponden con el impulso de las tecnologías, hacen referencia a medidas de mitigación que van más allá de la lucha contra el cambio climático, ya que el coste energético de los procesos industriales de producción o tratamiento de agua suele ser el principal inversión operativa y la sostenibilidad no sólo se debe enfocar desde el punto de vista medioambiental, sino también económica en la producción de agua, para garantizar la disponibilidad hídrica futura.
MTU.2.2 Línea 2: Eficiencia en el Ciclo Urbano del Agua y la Edificación.
El proceso de urbanización conlleva la reducción de la infiltración, la eliminación de la vegetación, la desaparición de irregularidades en el suelo donde se almacena el agua precipitada así como el aumento del consumo hídrico y demás recursos naturales. Lo que se traduce en la interrupción del equilibrio del ciclo natural del agua.
Las urbes no solo representan una parte importante de la demanda de agua para fines sociales y económicos, sino que constituyen una de las interfases más contaminantes en los usos del agua. La autosuficiencia de suministro urbano (urbanización y edificación) constituye un objetivo de alta prioridad en la gestión del ciclo hidrológico, tanto por la significación en el balance general del agua como por la aportación a la reducción de la contaminación ambiental.
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MTU.1 EJE 1. Sostenibilidad y recursos energéticos
El concepto de sostenibilidad, y más en concreto, el concepto de desarrollo sostenible, se ha convertido en un alusivo común relacionado con el medio ambiente, el ahorro energético y de los recursos naturales.
Los aspectos energéticos son fundamentales en cualquier actuación que pretenda la mitigación y adaptación al cambio climático y, para mejorar su eficiencia, resulta imprescindible el conocimiento previo del funcionamiento energético de cada uno de los sectores que configuran el territorio.
El eje de integración Sostenibilidad y recursos energéticos, que coincide con el objetivo 7, Energía Asequible y No Contaminante de la Agenda 2030, pretende garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todas las personas, para así reducir el consumo de combustibles fósiles mediante la generación de energía a partir de fuentes renovables y minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero.
Según la Agenda Urbana Española y Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la generación de energía es el factor que contribuye principalmente al cambio climático, y representa alrededor del 60% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
A lo largo de los años, la utilización de los combustibles fósiles como el petróleo o el gas han sido las principales fuentes de producción de electricidad, pero la quema de estos combustibles generan grandes cantidades de gases nocivos para el planeta y aumentan los efectos e impactos del cambio climático, ocasionando grandes problemas en la salud y el bienestar de la ciudadanía y el medio ambiente.
Por todo esto, el sector eléctrico está llamado a desempeñar un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático mediante la descarbonización. En primer lugar, por la penetración masiva de energía de origen renovable esperada, en segundo lugar, por el avance en la electrificación que se pretende de los distintos sectores económicos (transporte, edificación, comercio, etc.), como vía para lograr la descarbonización de los mismos (electrificación de la economía), y en tercer lugar, por la minimización de la demanda energética a partir de la potenciación de ciclos energéticos cerrados que viabilicen la autosuficiencia conectada.
Establecer un sistema energético eficiente tiene que estar apoyado desde muchos elementos diversos, como la localización y características de las infraestructuras, las comunicaciones, las tecnologías, etc. Por tanto, la viabilización de la transición energética, va de la mano de un modelo territorial y urbano adecuado para ello, que tendrá su reflejo en todas las escalas de planeamiento. Pues, es preciso caracterizar el comportamiento energético, identificando los usos y sectores menos eficaces en cada uno de los sistemas natural, rural y urbano.
La transición del metabolismo territorial y urbano desde el sector energético hacia el cumplimiento de la economía circular, conlleva una gestión holística y sistémica de los municipios y ciudades que los componen y sobre todo, de las personas dedicadas al urbanismo de todos los perfiles, de manera inteligente, con una visión hacia la resiliencia y la sostenibilidad energética.
El incluir la eficiencia energética dentro de las medidas de protección del medio ambiente, junto con otras consideraciones que conduzcan a una verdadera estructuración del sistema natural del territorio, condiciona todos los planes derivados y, por consiguiente, la ordenación del territorio.
Este eje de integración se desarrolla desde la escala más grande (Ordenación Estructural para la presente Guía metodológica), hasta la escala pormenorizada llegando a ser muy concretos a la escala más pequeña como la normativa de edificación, pasando por distintos niveles de precisión.
En función del tipo de suelo a ordenar y de las condiciones del planeamiento superior vigente, el objetivo energético y ambiental, y el correspondiente mecanismo de actuación, tendrá que reflejar en la figura adecuada en el momento de redacción del Plan.

Figura 5 Desarrollo del objetivo energético en la ordenación del territorio. Fuente: elaboración propia a partir del IDAE.
Por lo anterior, este eje de integración se encuentra directamente ligado con las áreas temáticas Morfología y Modelo de Ocupación del Territorio (MOT) y [Eco]sistema Urbano (EU), así como a las relacionadas con el transporte y la movilidad desde el área temática Movilidad y Accesibilidad (MA).
Al mismo tiempo, esta transición exige importantes cambios de comportamiento de la ciudadanía y las empresas para que sean capaces de asumir e interiorizar esos mismos conceptos para reducir la generación del consumo energético y aumentar la energía procedente de fuentes renovables por lo que también se ve relacionada con el área temática Gobernanza, Dimensión Humana y Económica (GDHE). Sin embargo, en ciertas ocasiones aparece el desafío de la pobreza energética el cual tiene repercusiones sociales.
Líneas
MTU.1.1 Línea 1: Metabolismo energético del Modelo Territorial.
La producción y consumo de energía generan efectos medioambientales que se manifiestan en forma de calentamiento global, contaminación atmosférica o vertidos de hidrocarburos. La integración de las renovables en el sistema energético disminuye los impactos ambientales puesto que para su funcionamiento no requieren ningún proceso de combustión.
Por tanto, es imprescindible la transformación de la producción actual de energía hacia un modelo, bajo fuentes de energía renovable sostenible, y distribuido en función del modelo territorial actual y previsto por la planificación urbanística. Por ello, se tendrán que orientar hacia el uso más eficiente del suelo, la implantación de una densidad, intensidad y complejidad de usos suficientes para plantear un modelo de ordenación orientado hacia la reducción de la demanda de recursos y la autosuficiencia conectada, minorando consecuentemente las emisiones de GEI.
MTU.1.2 Línea 2: Metabolismo energético del [Eco]sistema Urbano y edificación.
La sostenibilidad de las ciudades es un concepto que se encuentra definido por la actividad cotidiana de la ciudadanía. Asimismo, está claro que el concepto de sostenibilidad se encuentra directamente relacionado con el mantenimiento y mejora de la calidad de vida de la población, lo que requerirá definir y llevar a cabo una serie de cambios en el funcionamiento, desarrollo y planificación del sistema urbano hacia la eficiencia y la sostenibilidad energética.
Sin duda, la disponibilidad energética será una de las limitaciones más importantes en el futuro. Por tanto, como medida de adaptación y de mitigación, las actuaciones destinadas a reducir la dependencia externa como el fomento de energías renovables, o la limitación del consumo en sectores como el de la edificación, serán imprescindibles para el buen funcionamiento de los municipios.
En el caso de la planificación urbanística, como instrumento para la acción climática, conviene recordar que el consumo y la demanda energética dependen no solo de la gestión, sino de la configuración espacial de la ciudad y su integración con el entorno inmediato. Por ello, los municipios deben tener en cuenta esta variable para proponer actuaciones adecuadas y específicas de sus condiciones. En cuanto a los edificios, para obtener eficiencia energética, adquiere gran importancia la actuación sobre el parque construido ya que las obras de nueva construcción estarán muy condicionadas por el parque ya existente y las previsiones de crecimiento demográfico municipal.
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MOT.4 EJE 4: Territorio resiliente y adaptado
El quinto informe de evaluación del IPCC especificó que, a pesar de que a nivel planetario se neutralicen las emisiones de GEI, indiscutiblemente los efectos del cambio climático se encuentran en un estado de no retorno.
El cambio climático implica la transformación progresiva de variables climáticas, como el aumento de temperaturas o la variación en el régimen de lluvias, además de la alteración de los patrones habituales de eventos extremos, como la mayor severidad y asiduidad de olas de calor, las sequías o las lluvias torrenciales. Estos cambios repercutirán en la subida del nivel del mar o en la variación del régimen hídrico, que se traducirá a su vez en impactos, pero también en oportunidades en el medio ambiente, la sociedad y la economía. Estos impactos, entre otras muchas cuestiones, condicionarán la permanencia o, incluso, supervivencia de especies, el desplazamiento de ecosistemas, repercutirá en la productividad, los sistemas agrícolas, en la habitabilidad de los espacios, la salud humana, las condiciones turísticas, la seguridad, el empleo, etc…
Este hecho hace ineludible implantar en el territorio canario medidas de adaptación para reducir los impactos de dicho fenómeno en la forma de vida de las personas y en los ecosistemas, reconocidos por tener unas características únicas en el planeta.
DATO INFORMATIVO: Desde 1990 en Canarias se ha cuadruplicado el promedio de las olas de calor con unas predicciones que alertan del aumento de las temperaturas en las islas, condiciones que favorecerán la frecuencia y severidad de eventos extremos, tales como el incremento de tormentas tropicales, inundaciones, grandes oleajes, periodos de sequia e intrusión de polvo sahariano (Bramwell, D. 2019).

Figura 75 Impactos climáticos Fuente: Elaboración propia a partir de diversas fuentes
DATO INFORMATIVO: Las pérdidas económicas derivadas de unos fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes están aumentando. En la UE, ya representan una media superior a 12.000 millones €/año. La exposición de la economía actual europea a un calentamiento global de 3°C por encima de los niveles preindustriales daría lugar a pérdidas de al menos 170.000 millones €/año. También afecta a la salud y el bienestar de los europeos, que sufren cada vez más olas de calor: el desastre natural más mortífero de 2019 en todo el mundo fue la ola de calor en Europa, con 2.500 muertes. (Comisión Europea. Comunicado de prensa)
¿Cómo podemos prevenir y reducir los impactos a través de la ordenación urbanística?
Tal y como se expone en el epígrafe 7 ¿Cuáles son las claves para afrontar este reto? de la memoria de esta Guía, la respuesta para minimizar los impactos del cambio climático permite tres tipos de enfoque: la mitigación, la adaptación o no considerar dicho fenómeno.
Cabe señalar que aunque se reduzca e incluso se neutralice la emisión de GEI, el cambio climático se encuentra en un estado irreversible, siendo vital implantar en los territorios actuaciones de adaptación para reducir los impactos de éste en los ecosistemas, y en la forma de vida de las personas.
“Si bien la UE hace todo lo que está en su mano para mitigar el cambio climático, tanto a nivel nacional como internacional, también debemos estar preparados para hacer frente a sus consecuencias inevitables. Desde olas de calor mortíferas y sequías devastadoras, hasta bosques y costas diezmadas, erosionados por el aumento del nivel del mar, el cambio climático ya está pasando factura a Europa y a todo el mundo”
Es importante destacar que para que la mitigación sea efectiva, se requiere de una acción conjunta y coordinada a nivel internacional, sin bien, la adaptación está definida e implantada a nivel local, dado que las vulnerabilidades y los impactos son propios de cada territorio. Muchas de las medidas posibles cumplen la doble función de mitigación y adaptación, muestra de ello es el desarrollo la infraestructura verde urbana para fortalecer sumidero de carbono local (mitigación) y contrarrestar el efecto isla de calor (adaptación). La implementación de medidas de mitigación y adaptación al cambio climático también influirá sobre la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) generando sinergias o conflictos. A la hora de implementar medidas de mitigación y adaptación al cambio climático, es clave analizar las repercusiones directas e indirectas que éstas pueden tener, de manera tal que se maximicen las sinergias y se minimicen los conflictos.
Por su parte, es necesario reflexionar sobre lo que implicaría la no acción ante dicho fenómeno. La asunción de los impactos supondría mayores costes (económicos, personales, sociales y ambientales) e incluso podría verse comprometida la supervivencia de la sociedad tal como se conoce hoy en día, esta alternativa es, lógicamente, desaconsejada por la comunidad científica.

Figura 76 Esquema de las interrelaciones entre la adaptación, la mitigación y los impactos. Fuente: Elaboración propia a partir del IPCC 2007.

Figura 77. Transversalidad de las líneas de acción entre mitigación y adaptación.
Fuente: elaboración propia.
La Nueva Agenda Urbana define la adaptación como el “ajuste en los sistemas naturales o humanos en respuesta a estímulos climáticos reales o esperados o sus efectos, que modera el daño o aprovecha oportunidades beneficiosas” (CMNUCC). Este mismo documento define la resiliencia como la “capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuesta a amenazas, para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de los efectos de una amenaza de manera oportuna y eficiente, incluso mediante la preservación y restauración de sus estructuras y funciones básicas esenciales.” (UNISDR y WMO, 2012).
“Si bien la adaptación se refiere a cómo las prácticas actuales deben cambiar para adaptarse a las condiciones cambiantes, la resiliencia se refiere a las prácticas sociales, económicas y ambientales acumulativas que permiten que un área urbana resista los efectos de las condiciones cambiantes, incluidos los efectos del cambio climático. Incluye los sectores social y económico, así como la adaptación y la reducción del riesgo de desastres”. La Nueva Agenda Urbana se compromete a “incrementar la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático y los desastres, como las inundaciones, los riesgos de sequía y las olas de calor; a mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, la salud física y mental y la calidad del aire en los hogares y el ambiente; a reducir el ruido y promover ciudades, asentamientos humanos y paisajes urbanos que sean atractivos y habitables, y a dar prioridad a la conservación de especies endémicas” Nueva Agenda Urbana Ilustrada ONU-Habitat
Para afrontar una adaptación lo más adecuada posible capaz de prevenir y reducir los impactos del cambio climático a la vez que contribuya a la resiliencia del territorio y la sociedad que lo habita, se hace imprescindible identificar y cuantificar los riesgos para priorizar las medidas a establecer, teniendo en consideración las múltiples variables que inciden sobre la vulnerabilidad del lugar, ya sean físicas, sociales o culturales. Para ello, el análisis de riesgos y vulnerabilidades se deberá plantear desde una visión sistémica que permita realizar una valoración multi-criterio para atender a los diversos elementos que inciden en la fragilidad del lugar, considerando el grado de incertidumbre asociada a las proyecciones climáticas, para lo que es necesario acotar el alcance del estudio, de manera que sea abarcable.
De esta forma, será posible el fortalecimiento de la resiliencia territorial, mediante la adopción de medidas de adaptación adecuadas, contemplando su transversalidad con la igualdad de género y la equidad social, y siempre con la consideración de los cobeneficios de los servicios ecosistémicos, las soluciones basadas en la naturaleza (SbN), la gestión eficiente de los recursos naturales y reorientación de los modelos de ocupación hacia formas que permitan una mayor integración con el entorno desde las proyecciones climáticas.
Resulta clave para esta visión estratégica la transversalidad con la justicia climática, la buena gobernanza, el crecimiento sostenible, la investigación, el desarrollo, la innovación y la competitividad, para conseguir la deseada capacidad para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de los efectos del cambio climático de una de manera oportuna y eficiente, procurando la preservación y restauración de las estructuras y funciones básicas esenciales de nuestra sociedad.
Líneas
MOT.4.1 Línea 1: Territorio y sociedad vulnerables a los efectos del Cambio Climático.
El mejor conocimiento del territorio y de sus procesos, así como del clima y sus proyecciones a nivel local, suponen las bases para la incorporación de acciones operativas frente al cambio climático que permitirán actuar sobre el conocimiento científico y la responsabilidad multidisciplinar. Para una adecuada integración de la acción climática en el planeamiento urbanístico resulta indispensable identificar los riesgos y vulnerabilidades a través de una visión sistémica que permita tomar las decisiones oportunas con antelación y equidad, reduciendo la vulnerabilidad territorial de forma holística y transversal. La evaluación de estos elementos supone una valiosa herramienta de aproximación frente a los retos que han de afrontar los municipios canarios.
Desde el punto de vista de la adaptación a los efectos del cambio climático y de la capacidad de aumentar la resiliencia del territorio, es fundamental la investigación del fenómeno y de las características del medio a nivel local, para que, tal y como establece la Nueva Estrategia de la UE sobre adaptación al cambio climático, la respuesta pueda ser sistémica, inteligente y rápida frente a los riesgos. El mayor conocimiento y la consideración holística de los diversos aspectos que, teniendo como soporte el territorio suceden en él, influyen en su capacidad de adaptación y en la de la sociedad que lo habita.
MOT.4.2 Línea 2: Ocupación del territorio resiliente: adaptada e integrada.
Ante los previsibles efectos del Cambio Climático y los potenciales riesgos que éstos entrañan, una planificación inadecuada provocará una mayor vulnerabilidad y exposición de la población, el patrimonio natural y cultural y las actividades sociales y económicas que en un territorio se desarrollan.
Los instrumentos de planeamiento deben contemplar todos aquellos condicionantes que presenta el entorno, ya sea como amenaza o como potencial beneficio, para establecer la ordenación de usos y las determinaciones relativas a la forma de ocupar el suelo, así como las medidas necesarias de adaptación, de manera que se optimicen las condiciones del lugar y el potencial de los servicios ecosistémicos a través de las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) en la senda hacia la adaptación del modelo de ordenación, la resiliencia del territorio y el bienestar de sus habitantes.
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MOT.3 EJE 3: Ocupación racional y eficiente del suelo
En el eje de integración de Ocupación racional y eficiente del suelo, se explican las diferentes pautas a seguir para conseguir una ocupación del suelo capaz de revertir o disminuir las causas y efectos del cambio climático. El cómo, dónde y cuánto se ocupa el suelo de naturaleza urbana, se considera fundamental para mitigar los GEI y para conseguir espacios resilientes y adaptados a los efectos del cambio climático.
Hasta mediados del siglo XX la forma de ocupar el territorio canario, tal como se ha expuesto anteriormente, se caracterizaba por una serie de asentamientos poblacionales distribuidos en el interior insular y fuertemente arraigado a la actividad agropecuaria. Junto a estos núcleos, destacaban las ciudades capitalinas insulares, situadas en la franja litoral costera, y vinculadas al desarrollo de la actividad portuaria. Los pueblos y fundamentalmente las ciudades se constituían como espacios con una estructura y trama urbana de cierta compacidad, cohesionada socialmente, generadora de espacios de sociabilidad y con cercanía a los servicios, que propiciaba además el encuentro y desarrollo de distintas actividades, permitiendo el desarrollo de la vida en comunidad.
Posteriormente en los años 70 la implantación y desarrollo de la actividad turística en Canarias, fundamentalmente en las islas de Gran Canaria, Tenerife, Fuerteventura y Lanzarote, dio lugar a una serie de nuevas urbanizaciones turísticas situadas en el frente litoral, cuyo objeto era aportar alojamiento y servicios de ocio y disfrute a turistas. El turismo fue el detonante del crecimiento demográfico de Canarias y con ello el incremento y surgimiento de nuevos núcleos poblacionales en las inmediaciones de estas urbanizaciones turísticas para albergar a la población de servicio de esta actividad. Estas nuevas poblaciones mantenían la estructura de los núcleos tradicionales, en cuanto a la compacidad de usos y la cohesión social.
El desarrollo del turismo trajo consigo, simultáneamente, el abandono de la actividad agropecuaria y el incremento de otras ocupaciones como las comerciales e industriales, a los efectos de proveer a la población de los servicios básicos y necesarios para su hábitat, así como para el apoyo logístico de la actividad turística.
Junto a estos nuevos núcleos poblacionales y urbanizaciones turísticas, surgen otras formas de ocupar el territorio heredadas de la cultura anglosajona que se caracterizaba por la separación y segregación del espacio dependiendo de los usos que se le asignaba. Esta forma de proceder, unida a la mejora de la red de transporte, accesibilidad y al aumento del número de automóviles, generaron procesos de ocupación del espacio orientado hacia las periferias de las ciudades o núcleos urbanos, que hasta aquel instante, no habían entrado en el juego de la transformación urbana. La ocupación del territorio se expande y empiezan a surgir novedosos desarrollos urbanísticos, aislados de los núcleos urbanos existentes y apoyados en las nuevas infraestructuras viarias que le daban soporte. El automóvil privado junto con la nueva infraestructura viaria asociada, se configura como el elemento detonante capaz de llegar a nuevos territorios que antes se presentaban imposibles. Es en este momento cuando empieza a consolidarse la denominada “ciudad difusa”.

Figura 60 Fuente: El modelo de ciudad difusa. P5 Modelos de ordenación del territorio más sostenibles. Salvador Rueda. Barcelona (España), enero 2003.
El modelo de ciudad difusa, organiza el territorio mediante la configuración de un conjunto de áreas separadas y especializadas por actividades monofuncionales e interrelacionadas por una densa red de carreteras. Así surgen urbanizaciones de carácter exclusivamente residencial (fundamentalmente de baja densidad o ciudad jardín), turísticas, así como comercial o industrial al servicio de las ciudades.
“Esta separación genera segregación y no permite la interacción de la misma manera que la ciudad compacta. Suelen tener un centro que aglomera el sector comercial y cultural y una periferia que se extiende a lo largo de un gran área con suburbios residenciales y reductos de uso industrial.”
Se trata pues de una dispersión de las funciones y actividades tradicionales de la ciudad. Estas nuevas formas de proceder han contribuido a la conformación de un espacio fragmentado, mono funcional y carente cohesión social.
Por otro lado, estas tendencias de apropiación del territorio, partían de la premisa de un territorio infinito y con unos recursos naturales inagotables. Esto explica el que la clasificación de suelos urbanos y urbanizables de los instrumentos de ordenación urbanística que datan de los años 70 y 80 del pasado siglo XX no estaban fundamentados en una necesidad real de desarrollo de una determinada actividad para satisfacer unas demandas concretas, sino que las propuestas de clasificación de suelos se realizaban bajo la percepción de una necesidad infinita (ya sea de uso residencial, turística, comercial o industrial) y bajo un modelo de implantación en aquel momento innovador y atractivo como era la “ciudad difusa” (separada por usos mono funcionales). Asimismo la variable ambiental del territorio a ocupar, en los planes urbanísticos de esa época, no era analizada ni tenida en cuenta, y por ello no se valoraban las consecuencias sobre el medio ambiente derivadas de la clasificación de los suelos urbanos y urbanizables propuestas en el territorio.
Es por ello que, esta práctica de modelo de ocupación “difusa”, que se ha mantenido a lo largo de los últimos treinta años del siglo XX y primera década del siglo XXI, ha desencadenado en serios problemas ecológicos y ambientales cuyas consecuencias ya empiezan a ser palpables.
En particular, este modelo de “ciudad difusa” produce, entre otros, los siguientes efectos que repercuten en el cambio climático:
- Un incremento de la movilidad viaria para llegar a las distintas áreas monofuncionales y por tanto un aumento de las emisiones de GEI derivados del transporte.
- Un aumento de las infraestructuras viarias y de transporte, así como de las energéticas, telecomunicaciones e hidráulicas, lo que conlleva un incremento del consumo de los recursos naturales y energéticos.
- Un crecimiento de la ocupación y transformación del suelo derivado de modelos de ocupación expansivos y de baja densidad, con su consecuente aumento del sellado del suelo.
- Una fragmentación del territorio que genera problemas en la continuidad de los hábitats naturales y de los ecosistemas naturales.
Afortunadamente, la ciencia de la ecología ha venido a demostrar científicamente lo insostenible de este modelo de ocupación, evidenciando la estrecha interrelación que existe entre todos los complejos procesos que se originan en la biosfera y que aseguran la biodiversidad y la supervivencia del ser humano.
Es gracias a esta ciencia de la ecología que el “suelo natural no ocupado” ha adquirido un valor crucial en nuestra sociedad actual. Ya solo no es útil el suelo al que se le puede sacar un beneficio económico, sino también aquel que aporta unos servicios ecosistémicos necesarios para la vida de las personas y la del planeta.
Así mismo, desde el punto de vista del cambio climático, se han evidenciado los beneficios que producen las superficies vegetadas por su contribución en la reducción de la huella de carbono. De tal manera las nuevas tendencias en la planificación urbanística, así como las recientes legislaciones en la que se apoyan, ponen en valor el suelo virgen no ocupado y la necesidad de su preservación y conservación. Por otro lado se priorizan acciones de regeneración del espacio infrautilizado o en desuso, frente a la nueva ocupación y transformación de suelo virgen.
No obstante, en la actualidad de Canarias, la mayor parte de la planificación urbanística vigente que todavía impera, está soportada por los modelos de ocupación del pasado siglo XX. Este modelo se caracterizaba por una ocupación urbana basada en la creación de nuevos tejidos y en la obsolescencia del existente, en la movilidad motorizada y en el consumo de unos recursos naturales desproporcionados, que se traduce en un patrón con altas emisiones de carbono, asociadas a los desplazamientos que son necesarios y al mantenimiento de los tejidos urbanizados.
Es por ello que estos modelos deben ser erradicados, ya que ante la evidencia de los efectos que provocan como consecuencia del cambio climático, es primordial abordar nuevas formas de ocupación bajas en emisiones de gases de efecto invernadero, que ayuden a mitigar las consecuencias del mismo, al tiempo que se establezcan políticas de transformaciones urbanas que ayuden a adaptar el territorio a los cambios que como consecuencia de estos han de producirse.
Líneas
MOT.3.1 Línea 1: Ocupación racional del suelo.
Una vez esbozado lo insostenible del modelo actual, esta línea de análisis expone las bases de lo que debe constituir una nueva forma de ocupación del suelo racional y equilibrada. Este uso racional del suelo debe pasar por la adaptación y optimización del territorio ya transformado e implicar un crecimiento del suelo a ocupar, acorde a las necesidades reales que demanden las distintas actividades a implantar en el territorio.
Otro aspecto a tener en cuenta es el que señala dónde y cómo se implantan y distribuyen en el territorio estos usos y actividades. Esta distribución debe realizarse de manera eficiente y compatible con su entorno territorial (natural, rural y urbano), y con el propósito de mitigar la huella de carbono actual y conseguir una ocupación de suelo resiliente a los efectos del cambio climático.
MOT.3.2 Línea 2: Eficiencia del metabolismo territorial.
En el sistema natural los seres vivos gestionan sus recursos basándose en un metabolismo circular. Por el contrario, la mayor parte de los entornos antropizados actuales se basan en metabolismos lineales, causando el agotamiento de los recursos naturales o la alta dependencia sobre aquellos no renovables y la contaminación en forma de emisiones y vertidos al medio ambiente local y global, generadas, en su mayor parte, desde las ciudades y la agricultura que las alimenta.
El cambio en la forma (cada vez más extensa, dispersa y discontinua) e intensidad de ocupar el territorio, respecto al modelo tradicional previo a la revolución industrial, ha ocasionado, en lo relativo al ámbito urbano, un desacoplamiento entre ciudad y territorio; se ha perdido funcionalidad y eficiencia. Las ciudades generan una enorme huella de carbono resultado, en la mayoría de los casos, de una incorrecta planificación urbanística.
Para lograr una efectiva descarbonización, principalmente del sistema urbano, pero también del rural, se requiere del funcionamiento integrado y equilibrado del metabolismo territorial , el cual debe empezar ,en primer lugar, por el re-acoplamiento de las ciudades y los núcleos urbanos al territorio.
MOT.3.3 Línea 3: Hacia un nuevo [Eco]Sistema urbano.
Una vez esbozados, en las anteriores líneas de análisis y ejes de integración, los problemas que conlleva un modelo de ordenación basado en la zonificación de usos y en la dispersión (ciudad difusa), es necesario establecer las pautas de ordenación que permiten reconducir este patrón hacia otro más sostenible y por tanto más adecuado para evitar y minimizar los efectos del cambio climático.
Relación directa con otros ejes de integración
Escalas de intervención
Ordenación estructural
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Ordenación estructural
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Ordenación estructural
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Ordenación estructural
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MOT.2 EJE 2: Territorio neutro en emisiones
El modelo de ordenación de un municipio constituye la proyección espacial del estilo de desarrollo de la sociedad que lo habita, integrando las políticas social, cultural, ambiental y económica con la planificación física, para procurar una estructura espacial adecuada para su progreso. Por tanto, el modelo de ordenación no se puede concebir exclusivamente como un sector emisor de GEI, pero tiene un papel determinante en la reducción de éstas.
Actuar contra el cambio climático requiere apostar por una estructura equilibrada del territorio
Para reorientar el modelo territorial hacia la neutralidad climática, se propone empezar estudiando la organización espacial de los usos, las actividades generadoras de emisiones y las infraestructuras que los conectan. Estos elementos condicionan el sistema de movilidad y transporte, considerándose este una de las principales fuentes de emisión de GEI. También supone un condicionante, la integración del modelo territorial en el entorno, pues la distribución espacial de la ocupación del suelo puede marcar el grado de eficiencia de consumo de los recursos, como por ejemplo, la demanda energética que en Canarias depende principalmente de los combustibles fósiles (relación espacial entre la distancia y el aumento de las necesidades de recursos por parte de la población).
La emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera está directamente relacionada con la manera en que se ha ocupado un territorio y se han distribuido en él los diferentes usos, lo que hace de la ordenación urbanística una herramienta fundamental para la mitigación de los impactos del cambio climático. Por este motivo, se hace imprescindible que los instrumentos de ordenación urbanística, por su incidencia en el territorio, introduzcan la perspectiva climática en su proceso de redacción, tramitación y evaluación para que pueblos y ciudades canarios avancen en la senda de la descarbonización.

Figura 47. Retención en la TF-5 (Tenerife), situación recurrente en las grandes ciudades del Archipiélago debido a los grandes movimientos pendulares de la población en los territorios insulares. Fuente www.eldía.es
La dispersión de las ciudades, los pueblos y el diseño urbano desvinculado de su entorno, ha potenciado de manera indirecta, la disfuncionalidad y la ineficiencia. Por este motivo, las ciudades generan una enorme huella de carbono, resultado, en la mayoría de los casos, de una incorrecta planificación urbanística y falta de elementos naturales que proporcionen continuidad con el entono natural inmediato, limitando su capacidad de adaptación a los impactos del cambio climático.
Para hacer frente a la neutralización de emisiones, se deberá tender hacia una correcta distribución de los usos que determinará las necesidades de movilidad y el consumo energético y de otros recursos naturales, que devendrá en menores emisiones de GEI, contribuyendo a la reducción de la huella de carbono.
Como se ha expuesto a lo largo de la presente área temática, se observa que las pautas de ocupación que han imperado a partir de la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI, así como el desarrollo económico experimentado, ha ocasionado una importante problemática ambiental cuyas consecuencias principales han sido unas altas emisiones de gases de efecto invernadero, una antropización desmesurada del suelo y una destrucción de los ecosistemas terrestres junto con la pérdida de biodiversidad que ello representa. Estas causas son las que se identifican como las principales originadoras del cambio climático.
Es por ello que el modelo de ocupación del suelo que ha venido imperando hasta el momento se presenta totalmente inasumible, si se quieren frenar las secuelas cada vez más palpables derivadas de los efectos del cambio climático.

Figura 48. Evolución de Playa de Mogán (Gran Canaria), años 60 y actualidad. Fuente www.blogs.publico.es
Así pues, resulta clave que las pautas de ocupación del territorio que se implanten persigan entre sus objetivos primordiales reducir la huella de carbono que emiten. En este sentido cualquier, planeamiento urbanístico que vaya a realizarse debe conocer de antemano la huella de carbono del que parte, para saber una vez planteado el nuevo modelo de ocupación, cuánto ha sido capaz de reducirlo implementando las distintas medidas de mitigación y adaptación.

Figura 49. Estimación y propuesta de huella de carbono del 2º PMM de Playa de Mogán. Fuente: Gobierno de Canarias y GESPLAN.

Figura 50 Principios básicos a considerar en el modelo territorial neutro. Fuente: Agenda Urbana Ilustrada, ONU hábitat
Para ello la información urbanística, así como el diagnóstico, debería contener la estimación de las emisiones actuales y previsibles que posee el modelo actual de ordenación o alternativa 0. Para ello es necesario contar o poder calcular, al menos, los siguientes parámetros:
- Emisiones derivadas del transporte.
- Emisiones producidas por las distintas actividades económicas: industrial, agrícola, ganadera, etc.
- Emisiones procedentes del uso de los edificios: residencial, turístico alojativo, comercial, sanitario, educativo, etc. (debe disponerse de datos relativos al consumo energético de los edificios y, a ser posible, de la eficiencia energética).
- Emisiones correspondientes a la producción y transporte de los bienes materiales para la construcción y urbanización.
Por otro lado ha de analizarse la capacidad de los sumideros GEI con los que cuenta el territorio objeto de planeamiento:
- La cubierta vegetal de los suelos rústicos. En estos casos es necesario el acceso a datos relativos al potencial de absorción de los distintos tipos de cubierta vegetal, ya que no todos tienen la misma capacidad de absorción (capacidad de absorción forestal y de los distintos tipos de cultivos). En este sentido y en la actualidad no se cuenta con datos suficientes para determinar el volumen de absorción de las distintas coberturas vegetales del territorio canario, no obstante a medida que se vaya incrementando esta información la estimación de este dato será cada vez más fiable. De lo dicho emana la radical importancia que se asigna a sondear sobre la capacidad de absorción de la cobertura vegetal del territorio natural de Canarias (distintos tipos de árboles y ecosistemas) así como de los distintos tipos de cultivos que se practican.
- La capacidad de absorción de los distintos suelos calificados como espacios libres públicos, o incluso como espacios libres privados. Para ello es imprescindible que se calcule la superficie de suelo destinada a estos y la tipología de los árboles y vegetación con la que cuenta, para así poder estimar su capacidad real de absorción. Ciertamente es tarea difícil, dado que la información urbanística a obtener es compleja y detallada.
Una vez computados estos datos se podrá tener una aproximación de la huella de carbono de la que parte el modelo de ordenación de la alternativa 0. Posteriormente y tras el nuevo patrón de ordenación que se proponga teniendo en cuenta la forma de proceder descrita en las distintas áreas temáticas y adoptando las diversas medidas de adaptación y mitigación al cambio climático, el resultado de la huella de carbono debe dar como resultado un valor menor que el de partida. Así pues la totalidad de las alternativas de ordenación que se barajen, deberán tener como objetivo la reducción de la huella de carbono, cuestión que quedará significada a partir de la comparativa de las alternativas que se establezcan. Por último hay que destacar la importancia de considerar este aspecto como fundamental en la evaluación ambiental del plan.
Estos nuevos modelos deben basarse en:
- En un menor consumo de suelo virgen para el desarrollo urbano.
- El desarrollo de crecimiento urbano basado en la regeneración del tejido infrautilizado u obsoleto.
- Una disminución de los desplazamientos de vehículos motorizados y contaminantes.
- La optimización del espacio ocupado.
- El perfeccionamiento de una complejidad funcional adecuada.
- El respeto por el entorno en el que se inserta.
- La conservación del medio natural no ocupado.
- El mantenimiento de los sistemas agrarios productivos y configuradores del paisaje, de la conexión del medio antropizado y el medio natural por medio de las infraestructuras verdes y azules.
Una vez calculados estos datos se podría tener una aproximación de la huella de carbono de la que parte el modelo de ordenación de la situación actual. Posteriormente el nuevo modelo de ordenación propuesto se conformará en base a criterios de sostenibilidad y neutralización de GEI con el propósito de disminuir la huella de carbono de la situación de partida, neutralizar e incluso potenciar el carbono positivo, pudiéndose llevar a cabo desde la escala autonómica mecanismos de compensación de carbono. Asimismo se tendrán en cuenta criterios bioclimáticos en el diseño y en la implantación de los nuevos crecimientos del territorio con el objeto de minimizar la demanda de los recursos y maximizar la autosuficiencia y la eficiencia en el consumo de los mismos. De tal manera la totalidad de las alternativas de ordenación que se barajen tendrán como fin último la reducción de GEI, cuestión que deberá quedar patente en la comparativa de alternativas que se establezcan. Esto igualmente ha de constituirse en un elemento determinante en la elección de la alternativa de ordenación más oportuna, resultando fundamental en la evaluación ambiental de los instrumentos de planeamiento territorial y urbanístico.
Finalmente cabe señalar que la ordenación del territorio deberá tender a facilitar los mecanismos necesarios para resolver los problemas actuales y a su vez, promover de manera proactiva una transición ecológica justa y resiliente.
Líneas
MOT.2.1 Línea 1: Sumideros y Emisiones.
La neutralidad de emisiones es uno de los pilares fundamentales de la Acción Climática. Para cumplir con este propósito de manera sostenible, no solo se debe enfocar la ordenación urbanística hacia la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también, resulta indispensable ampliar la capacidad de los sumideros de carbono natural. En este sentido, la renaturalización del territorio bajo criterios multifuncionales, multiescalares y multisectoriales tiene un gran peso, siendo una de las sendas más acertadas si se contemplan los cobeneficios a largo plazo.
MOT.2.2 Línea 2: Transición ecológica.
Siendo el objetivo plantear un modelo de ordenación orientado a la neutralidad de emisiones, es necesario que los instrumentos de planeamiento urbanístico contemplen las necesidades de los diferentes sectores de emisión para acometer su descarbonización, con la finalidad de hacer viable una transición ecológica justa. Para ello es preciso que, a través del planeamiento urbanístico, se establezca la ordenación adecuada y las medidas necesarias para afrontar la reducción de emisiones de cada uno de los sectores para alcanzar la neutralidad de emisiones de GEI.































